Columna de libros: "Don Nicanor Parra y otros chilenos geniales"

Por

Nicanor Parra. poeta imaginario / imaginary poet.
 
Fotografía: Miguel Sayago.
Texto (en español e inglés): Rafael Gumucio.
 
Editorial Ocho Libros.
 
http://www.ocholibros.cl <http://www.ocholibros.cl/default.aspx>
 

Este es un libro con fotografías frescas y luminosas de don Nicanor; son del año 2006 para ser precisos. Don Nicanor, llegará a los cien años de edad, dentro de poco tiempo, y según Rafael Gumucio “le gana hasta al mismo Shakespeare la batalla de la sobrevivencia”. Sí, es su luz la que aparece en Las Cruces y, sin embargo, arde en el planeta Tierra entero; todo está vivo en él, los tesoros de su prosa, su pensamiento, sus manifestaciones en abierta rebeldía con los cambios inherentes a la mortalidad. Don Nicanor desafía siempre, disfruta siempre, vive siempre; antorcha preciosa. Consabido es su odio a la muerte (esa señora que dice “que la primera es la vencida”), aunque también él ha aprehendido las experiencias necesarias y ha creado una diplomacia para tratarla; ha sido un excelente negocio. El antipoeta, posee un sentido del humor agudo, baila al ritmo de Glenn Miller y su orquesta, y también es capaz de leer un libro al revés, ¡sin anteojos!
 
Hay dos fotografías, que están en las páginas centrales. En la primera, don Nicanor camina con la vestimenta y actitud más elegante de un caballero inglés, a través de un parque. En tanto, a la distancia se distinguen otras figuras humanas borrosas, que parecen tener prisa. Él camina en medio de árboles de troncos delgados y copas frondosas, seguro de sí mismo y con un libro debajo del brazo izquierdo. En la segunda, esa actitud ha cambiado radicalmente; pues, pareciera que nada permanece en su lugar. Se ha llevado la mano derecha a la barbilla, como preguntando cuál es el camino o adónde debía llegar, y sorprendido, más bien parece buscar las respuestas en el horizonte.

En este recorrido de imágenes, en una de ellas, don Nicanor, también brilla en medio de su biblioteca; a veces, da la sensación que está ordenando, después de un terremoto. Curiosa es la otra imagen, en que su persona se transforma en una especie de fantasma, -esa impresión queda al menos, por los efectos ópticos de la cámara-, a la par que se señala en un texto: que en el año 1914, el de su nacimiento, también se gestaban la Primera Guerra Mundial, había avances en antibióticos y unos físicos alemanes perfeccionaban su teoría, que colocaba la falta de certeza y relatividad, en el centro mismo del universo. Todos ellos, quizá, motores metafísicos de su generación, y después, fértil material para la mente brillante del niño Nicanor que, en la década de 1920, vivió en San Fabián de Alico, en Chillán, entre cóndores, huemules y bosques, educado en el haber rural y en la naturaleza indómita. Hay que escudriñar este libro, entonces. ¡Busquen profundamente a Parra!; “busquen, creativamente, otra vez a Parra, y se encontrarán con un Parrón, colmado de las deliciosas vides de Hamlet”.

Este libro hará disfrutar al lector y reír con ese espíritu sacro que moviliza, conmueve e inspira sin importar la edad. También hará suspirar a las señoritas, ¿cómo no?, si don Nicanor posa en una fotografía dentro de una tina, en medio de un exuberante jardín. ¡Bien “vivo” don Nicanor!

La vida intranquila. Violeta Parra. Biografía esencial.
 
Por Fernando Sáez.
 
http://www.ocholibros.cl <http://www.ocholibros.cl/default.aspx>
 
Este libro, es sin temor a equivocarse, la más contundente y bien documentada biografía de Violeta Parra Sandoval, quien le regaló al alma humana, canciones magníficas, tales como: “Gracias a la vida”, “Volver a los 17”, “Casamiento de negros”, entre tantas otras.

Ella nació el 5 de octubre de 1917, en el pueblo de San Carlos, cerca de Chillán, ciudad a la que se llegaba en tren. Es sabido que las circunstancias de su vida fueron duras, con pobreza, frío, incluso, tuvo que sufrir discriminación. Sin embargo, en su ser, y en el seno de su familia, había un tesoro intangible tan inmenso, que no permitió que el lugar de su nacimiento, fuera un factor determinante para su existencia. Gradualmente, junto a sus hermanos (Hilda, Eduardo, Roberto), y su familia, fue creciendo y avanzando en creación artística, en formación, en alegría y perseverancia. Da gusto leer tantos detalles y tal despliegue de fuerza de voluntad. Y lo bien que cantaba Violeta, con su voz afinada y única, lo bien que tocaba la guitarra.
 
En la historia chilena, Violeta fue una maestra, que con propia metodología de trabajo y guiada por su hermano, don Nicanor, fue recopilando, con decisión impresionante, las fuentes del folklore chileno. Primero investigó en la comuna de Barrancas, las tonadas y cuecas que recordaba su madre, doña Clarisa, -quien tenía el restaurante “El Sauce”-. Aprendió de las tradiciones y conocimientos de doña Rosa Lorca, quien era partera y además “arregladora de angelitos” –antigua costumbre del campo, de adornar el velorio de niños muertos recién nacidos-, con la novedad de dejarlos de pie y no sentados como era común, con adornos de maravilla. Y también aprendió mucho, de doña Mercedes Rosas, quien era muy diestra en el arpa y en la guitarra. La tenacidad de Violeta, la llevó a acercarse prácticamente a cualquier persona con el cabello blanco en la Plaza de Armas de la capital, en un tren o donde fuera ocasión, para recopilar, restaurar palabras y sonidos; labor que llevó adelante con fina destreza, confianza y en honor de quienes recibía tales conocimientos y afectos. O intercambiaba una canción de ella, por alguna de otra persona. Gracias a Violeta, y no a una absurda y burocrática institución de la época –con las que ellas lidió por su inoperancia, presencia de personas irresponsables y una manifiesta falta de criterios sanos, expresando su rabia e indignación con claridad, elocuencia y un fortísimo carácter-, se registraron cuecas, refalosas, parabienes, versos por sabiduría, por el fin del mundo, por Pocalí (Apocalipsis), en honor a Jesucristo y a la Santa Virgen María, versos para personajes legendarios como el rey Asuero o Genoveva de Bravante y otros tantos ritmos y canciones, así como el protocolo y situación interpretativa, que les era pertinente.

También son memorables los viajes de Violeta a Europa, o bien sus apariciones en la radio, en el programa “Canta Violeta Parra”, que a veces se grababa en el restaurante de su madre, con sonidos de animales, y en el que se entrevistaba a alguna persona sobre antiguas tradiciones campesinas, o se trataban temas referidos a diversas fiestas: la trilla, los velorios y la vendimia, por citar algunas.

Bueno, a riesgo de contar todo el libro con este comentario, se dirá que este es un excelente regalo para los hijos, para valorar a las personas en cuanto que tales, para contagiarse de tanto “talento” y “talante”, porque Violeta supo defender apasionadamente el folkore chileno, amarlo y descubrir sus raíces, porque fue elocuente en denunciar la pobreza, la falta de consciencia de las autoridades civiles y eclesiásticas, los variados engaños sociales, y las enormes injusticias que existían –y existen-, porque entregó con su  amor y genialidad tesoros que son para siempre y para todos. ¡Viva Violeta Parra!

Coloane. Literatura y Ecología al sur del mundo.
 
Textos de Francisco Coloane / Presentación de Álvaro Sapag, Eliana Rojas, Roberto de Andrade. Introducción del Pr. Pablo Vargas.

Señalar en el libro, los escasos resultados de la “Cumbre Climática de Copenhage” (en diciembre de 2009), no es antojadizo. Más bien se convirtió en un desafío para integrar diferentes disciplinas, para dialogar sobre Ecología, para estudiar, y observar el rol del hombre en ese ámbito. En este sentido, el lector puede encontrar un elemento vinculante y coherencia, con las ideas anteriores: la correspondencia entre Literatura y Ecología, existente en la obra del escritor Francisco Coloane (chileno que nació en Quemchi, el año 1910, y falleció en Santiago, el año 2002). Hay también una novedad: en el tratamiento de la información, el académico Pablo Vargas (Universidad de Magallanes), señala la comprensión sapiencial que hace Coloane de la Ecología, como “Ecoliteratura”, mencionando así, un nuevo concepto.

Se recomienda las crónicas de Coloane, todas. A saber: “Galopes en la Patagonia”, “El témpano de Kanasaka”, “Los alacalufes, un pueblo sin malicia”. Para educar a los hijos en la riqueza espiritual, emocional e intelectual. Este libro es ideal, su tratamiento es sin pedantería académica, lúcido y tiene bellas fotografías; se agradecería una nueva edición. ¡Viva Francisco Coloane!

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