Come y calla, por Felipe Espinosa: Grado 8

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Aún recuerdo cuando en mi infancia en más de una oportunidad junto a mi familia veraneamos en la costa de la Región del Maule. Lugares como La Pesca, Iloca, Duao y Lipimavida son parte de mi archivo personal e intransferible que mantengo en la despensa de lindos recuerdos y momentos inolvidables. Creo que hace más de veinte años que no visitaba la desembocadura del Mataquito y hace unos pocos días tuve la oportunidad de reencontrarme con una parte de lo que recordaba ya que el maldito terremoto del 27F logró devastar gran parte de la infraestruc­tura colonial que se lucían en estas latitudes, incluidas casas, hospedajes, escuelas e incluso las caletas de los pescadores que al final de cuentas son la piedra angular para el éxito de la reconstrucción y el repunte económico del lugar.

No tengo de qué quejarme, después de comer el típico mariscal que venden en Duao para recomponer las horas de viaje, fui partícipe de un asado en predios de la familia que tengo en La Pesca, donde todos mis dardos fueron en dirección a una pata de cordero de la costa a la parrilla que en maridaje con un carignan proveniente del secano maulino fueron la antesala perfecta de la torta curicana que terminó por endulzar la tarde.

Con este menú pensé que podría morir en paz, pero en realidad lo mejor estaba por venir. Estuve alojado en la hostería “Donde Gilberto” uno de los pocos lugares que quedaron en pie luego de que el mar azotara esta costa, cómodas habitaciones con vista al mar y una ubicación privilegiada a pasos de la nueva caleta de pescadores, donde a tiro de buey se acomodan los botes fuera de las olas y donde se pueden encontrar exquisitos productos marinos que sólo deben cruzar la calle para ir del mar a la mesa, evidente e insuperable frescura de los alimentos de mi comedor. Al parecer toda merienda parte con empanadas fritas, de mariscos mi favorita. Otra opción son los locos con salsa verde y las machas parmesanas, aunque si de frescura a vivo se trata, nada como degustar piures o erizos propios de estos fríos roqueríos. La oferta de pescados no es menor, por barata la reineta, distinguido el congrio y sabrosa la corvina, logré divisar de lejos unas amedrentadoras sierras y más elegante y delicado el lenguado que en precio no se descuadraba.

¿Alguien se puede cansar de este espectáculo? ¿Alguien podrá refun­fu­ñar por el inagotable desfile de frescos productos? Yo no, por lo que seguí en búsqueda de mi plato favorito y me quedé con dos. Primero, los pejerreyes fritos que en compañía de una cerveza bien fría se convertían en un manjar; y segundo, el plato que lleva el nombre de la casa, Gilberto, un librillo con lo más fino del océano salteado al ajillo, un cónclave de locos, machas y camarones que con tostadas de pan amasado enmantequillado y servidos con una copa de vino blanco dejan sentir el profundo amor y or­gullo de los pescadores por su trabajo que en definitiva son los grandes responsables de mantener la frente en alto de un pueblo que renace del dolor.

Coordenadas:
Donde Gilberto
Playa de Duao, Región del Maule. Teléfono: 75-1983768

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