Come y calla, por Felipe Espinosa: "No culpes a la playa"

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Mientras todos los ojos observan las encandilantes luces del espectáculo viñamarino y en tanto deberían estar todos nuestros corazones y voces buscando una solución al conflicto en Aysén, sigo deambulando sin rumbo fijo en la amena y absolutamente deliciosa capital en su mejor momento, ese momento en el que las calles son expeditas, las congestiones no existen y como todos andan de vacaciones, los afortunados habitantes de febrero disfrutamos de esta gracia.

El despoblamiento del barrio El Golf es significativo y aplanando calles se descubren rincones. Bajo un estético  y moderno toldo blanco y con frontis de fuentes de fuego se ubica “Terraza Isidora”, espacio que entre grafiti, decoración y gastronomía entretenida evoca el relajo de un muelle a orilla de mar que al ritmo del reggae pide a gritos un par de hamacas para tomar el aperitivo.  Conozco hace tiempo a Sebastian Bendeck , el chef de este lugar, un tipo tranquilo que después de pulular por varios años en algunas de las mejores cocinas de New York, realiza un aterrizaje forzoso en SCL. Pedimos mojito de maracuyá -para entonar la noche- que son preparados en un bar con fachada de bote a remo, propulsión reflejada en su velocidad. Bajo el amparo de una gran bandera chilena y un cartel con la frase “somos felices” como declaración de principios comenzó la alfombra roja de elegantes y familiares preparaciones, pero con un intenso toque angloamericano.

El primer evento, las ostras Rockefeller. El delicado molusco con enjundia de queso azul, cebolla caramelizada y espinaca, que horneado se presentaba sobre montañas de sal de mar que coqueteaban con los cuarzos decorativos de la mesa. Peel&Eat, el segundo plato, es sin duda una reminiscencia de la cultura gringa que come camarones con cáscara en un balde, divertido para compartir y sabroso en lo profundo, donde el jengibre predomina en el crustáceo a la hora de chupetearse los dedos.

Servimos copas de un sauvignon blanc de Casablanca y al mismo tiempo disfrutamos del cebiche mixto, con pescado y surtido de productos marinos donde los trozos de pulpo evidencian una técnica depurada en la cocción del mismo. El punto alto del banquete, sin duda, fue una fuente con mega pinzas de jaiba (en la imagen) que bajo un picadillo fino de verduras y una cremosa emulsión del caldo se convertían en estallidos de sabor a mar azul. Para terminar, filetitos de besugo con pastelera de choclo bien cargada a la albahaca y un guiño de compota de tomates, delicado y de gusto veraniego. Para la próxima sin duda probaré la terraza parmesana y el plato de pulpo, porque queda mucho por degustar aquí. Dentro de su informalidad la cocina brilla, se cae un poco el servicio pero el ambiente estival concede algunas licencias.

Coordenadas:
Terraza Isidora
Isidora Goyenechea 3199 A, Las Condes. Teléfono: 2-3355396

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