27-F: “Al ver mi casa así, sólo quería que se cayera”

Como muchos penquistas, José Miguel Muñoz volvió a levantar su hogar luego de que el terremoto lo dejara por el suelo. Su pérdida superó los 20 millones de pesos

Por Mario Saavedra / Publimetro
Los lectores de Publimetro
¿Cómo viviste el 27-F?

 María Francisca Andrades

Celebrando mi cumpleaños en Linares en un pub de adobe. Nadie salió del local hasta que pasó el terremoto, porque para salir había que pasar por corredores con ventanales de muralla a muralla y comenzaron a explotar. Cuando logramos salir estábamos todos empolvados.
 
Matías Gonzalez
Yo me encontraba viendo el “Titanic”, por el cable. Justo en la escena en que el barco comenzaba a hundirse, Jack le pide a Rose que respire y nada sin parar, hasta llegar a la superficie. En ese momento comenzó el sismo, y bueno, si ella supongo que nadaba yo corría a la puerta de entrada y me colocaba bajo el dintel .Quizás se hundió el “Titanic”, pero a mí se me hundió un país entero.
 
Karina Otárola
Como era fin de mes, recién pagada, estaba carreteando como muchos.
Estaba en el Bar Óxido en Santiago y había una tocata, un tributo a Iron Maiden. Con mi grupo de amigos estábamos sentados en una mesa junto a una muralla. Uno de mis amigos mira hacia un cuadro enorme en la muralla y me dice “está temblando”. Yo, que hasta ese día le tenía fobia a los temblores, agarré mis cosas y salí calmadamente. En ese preciso momento se corta la luz y hubo pánico total, excepto en el sector donde se realizaba la tocata, nadie se dio cuenta y los músicos siguieron tocando varios segundos hasta que se pegaron la avispá.
 
Josefina Alarcón
Vivo en la caleta el Morro en Talcahuano, cuando empezó el movimiento subimos al cerro. Luego escuchamos a los bomberos decirnos que bajáramos y que no había alerta de tsunami. Nos preguntamos, si les hubiésemos hecho caso, ya no estaríamos.

Las tranquilas vacaciones del verano de 2010 se vieron violentamente interrumpidas para José Miguel Muñoz (33). 

Al igual que muchos penquistas, se encontraba lejos de su hogar cuando el terremoto azotó al país la madrugada del 27 de febrero.  Por ello, no dudó en regresar a Concepción lo más rápido que pudo y comprobar el estado de su propiedad. Para su pesar, su casa quedó con daños graves, pero no cayó, por lo que el seguro no cubriría la desgracia como una pérdida total.

Apenas un par de semanas antes de la catástrofe, José Miguel decidió arrendar el inmueble ubicado en el sector Brisas del Sol de Talcahuano, a pocos metros del casino del puerto. Pensó que al estar a una distancia considerable del mar, no habría mayor ­­­­­problema. Sin embar­go, la mañana del lunes, día en que finalmente pudo llegar hasta la comuna puerto, se encontró con un panorama desolador.

Al entrar, se dio cuenta de que no sólo el movimiento telúrico había destruido la vivienda. Ventanas rotas y puertas forzadas evidenciaron que la casa había sido saquea­da, luego de que fuera abandonada por sus inquilinos. “La cocina, el calefón (… ) Si hasta las manillas de las puertas estaban rotas”, recordó.

Durante los días que vinieron, su incertidumbre era mayor. Parecía que la inmobiliaria no se haría cargo ni tampoco aparecía nadie que le diera una respuesta concreta. 

“Al ver mi casa así de hundida, bueno la verdad, lo único que deseaba era que se cayera entera, para por úl­timo, cobrar un seguro por pérdidas totales”. 

Sin embargo, a pesar de todas las réplicas, la estructura se mantuvo en pie y con ella, las ganas de su dueño por reconstruirla.

Por iniciativa propia, apren­dió todos los papeleos necesarios para gestionar el seguro, acercándose a la mu­nicipalidad y a incontables oficinas en donde presentó los presupuestos de reparación.

Finalmente, todos los trámites valieron la pena y la compañía aseguradora terminó aprobando gran parte del catastro de las pérdidas.

José Miguel vive actualmente en la misma casa, que ahora se encuentra radiante.

A dos años del terremoto, se encuentra nuevamente de  vacaciones y lejos de su hogar. La experiencia aún le deja algo de temor y se pregunta de vez en cuando si todo estará bien en Talcahuano, si su casa y su auto se encontrarán bien. Pero la experiencia le dejó, al me­nos, la certeza de que podrá seguir saliendo adelante pese a lo difícil que el mo­mento parezca. 

“No ha sido fácil reconstruirla, el apoyo de la comunidad ha sido fundamental”

 Hoy a casi dos años del terremoto, se levantan los primeros cimientos de la parroquia San Juan de Mata en Concepción a punta de esfuerzo y ayuda de los feligreses.

La noche del 27-F todo era alboroto, todo era inexacto. A muy pocos metros de la parroquia, los gritos de los sobrevivientes del edificio Los Carrera clamaban por poder rescatar sus pertenencias y a sus seres queridos, pero en calle Las Heras un grupo de vecinos auxiliaba y ayudaba al padre Pablo Leiva Rojas, quien se había quedado atrapado entre las paredes del viejo edificio reconstruido en la década del 60.

Los vecinos no entendían nada. Sólo atinaron a taparlo con frazadas y contemplar cómo parte la iglesia estaba en el suelo.

Muchos no sabían cómo recomponer el espíritu luego de ver la capilla en el suelo. Uno de ellos fue Desiderio Bernal, administrador del templo, y que durante 30 años ha sido un activo feligrés y vecino de la iglesia.

El párroco junto a la comunidad realizó ventas populares y bingos para juntar dinero. Hoy se construye un nuevo templo gracias al aporte de decenas de familias. 

El maremoto no arrasó con sus esperanzas

La casa de Víctor Hugo Bizama (55) en Coliumo fue una de las pocas que se mantuvo en pie tras recibir de lleno las feroces olas del tsunami que afectó a gran parte de la bahía de Concepción.

Si bien la estructura aguantó el golpe, sus pertenencias se las llevó el mar. A dos años de la arremetida del maremoto, el hombre cuya vida ha estado unida a esta caleta, está a la espera de que su vivienda sea reconstruida.

La noche del 27 de febrero de 2010, se encontraba junto a su mujer y sus tres hijas en su hogar a pocos metros de la playa y a los pies de un cerro. Fue allí donde decidieron escapar y el lugar en el que terminaron por observar cómo el mar les destruía todo lo que tenían.

Cuando se cumple un nuevo aniversario de la tragedia que cambió la vida de Víctor Hugo, se encuentra a la espera de que se construyan viviendas para él y doce familias que también lo perdieron todo.     

 
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