Come y calla, por Felipe Espinosa: "Llegó marzo"

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Comienza el año laboral (de la mayoría) dejando mis playas de la Quinta Región desocupadas, libres del bullicio que opaca el sonido del mar y mi Ruta 68 a disposición de espacio para un manejo más tranquilo. Viajo a diario de la capital a Casablanca y compartir la carretera con el veraneante ocasional no es recomendable para la salud mental de nosotros los pilotos de Grand Prix.

De forma definitiva esta temporada  los orcos comienzan a volver a los faldeos de la torre Costanera Center, hito arquitectónico clave que se inaugura este año, joya del desarrollo que sólo será superada, no en altura, si no que en el absurdo impacto urbano, por el Mall de Castro en construcción, infartarte fotografía de una cultura de palafitos devorada por un tiburón dantesco.

El retorno a la urbe está sembrado de lugares para realizar una parada en pits, sobre todo en Curacavi, es ahí donde está el restaurant “El Quillay”, que debe su nombre a los árboles de hoja siempre verde que lo rodean. Ojo, que si sales del túnel Zapata muy rápido, te pasas.

Este centro turístico esta a pie de quebrada, tiene una temperatura controlada por la sombra de los cerros, tiene garzón de humita negra y calzado muy bien lustrado, tiene un horno de barro que es imposible no verlo en el patio trasero de donde salen unas rectangulares y muy bien facturadas empanadas de pino que son hit de la carta. Para los mañosos, las empanadas fritas de queso son gordas en relleno.

El menú es de raíces chilenas, no falta la cazuela, el costillar, el arrollado y uno de los mejores pasteles de choclo de la zona según mi mujer. También hay una legión de sándwiches en pan amasado que gozan de buen calibre y sabor casero. No hay que dejar de probar las codornices en escabeche y el estofado de conejo que adorablemente nunca se ausentan, pero como los actuales dueños son dos hermanos de ascendencia italiana, dejan plasmados sus gustos y destacan las pastas. Es ahí que mi copiloto se desespera y está loco porque pasemos a probar los ñoquis con plateada. Por lo que cuentan, te dejan en regocijo de a pomodoro y trigo candeal. Hay infinitas preparaciones que se pueden acompañar con un bar igual de vasto, donde resalta la presencia de la cerveza local que se deja ver con todas sus etiquetas y tamaños de botella. La última vez que estuve ahí comí un gran churrasco en compañía de una Kross 5 que con su aroma tostado y color acaramelado juega a la perfección con la carne del emparedado.

En la actualidad este negocio familiar no tiene teléfono fijo porque no quieren, así que tampoco se puede pagar con tarjeta y aunque puedes llamar a los celulares de Bagio y Luigi, lleva efectivo. Vuelve a ver las cosas de manera más simple, con poca intervención y abundante aporte.

Coordenadas:
El Quillay
Ruta 68, Km 61,5, Curacavi. Teléfonos: 9-1264872, 7-8283838

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