Columna de Copano: "Una serie de apuntes"

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Viviendo solo me di cuenta de lo complicado que es ser padre. Cuando de un momento a otro las cosas no se ordenaban automáticamente y conocí el arbitrario mundo del pago de cuentas. De alguna manera todos mis superhéroes de infancia pasaron a ser los dos adultos con que me formé en casa. El desafío de vivir con una persona que viene de ti, necesitando gastos y afectos, formación y regalos es increíble. Manejar expectativas y frustraciones de alguien que no es tú. Y que se supone, amas. 

Estuve pensando en este tema cuando se supo que el principal sospechoso que mató a Andrea Urrejola, madre de cuatro niños, con una piedra es un niño de 11 años. Como no creo que exista la maldad de alma que el Presidente sostuvo en “Tolerancia Cero” el domingo, quise ponerme en distintas perspectivas del asunto.
 
Están los padres que esperan mucho de sus hijos, que son un problema. Pero también están los que no esperan nada y esos parecen ser peores. Los que no tienen una preocupación, los que no saben con quién salen sus chicos, los que encubren ceguera bajo el argumento de la libertad. Los que la verdad, tienen hijos porque salieron de golpe. 
 
Están los que aprenden a adorar esa sorpresa y los que pasan a comenzar a ignorar. Los que no se vuelven responsables y pasan a ser simplemente pendejos (espiritualmente) que tienen pendejos.
 
Muchos generadores de ese evento es gente que no tiene en la cabeza la posibilidad de embarazar a una mujer y que juegan irresponsablemente. Son tan peligrosos como un borracho frente a un auto. Y arriesgan vidas. Muchas más vidas que sólo una. Si no, pensemos en el chico y la piedra. ¿Qué hacía ese niño con ese elemento ahí? ¿Con quién estaba? ¿Qué le dijeron después?
Es complejo analizar el escenario de por qué no llegar a querer a un hijo. Y hablamos de querer no sólo comprando juguetes. Yo como no tengo hijos, puedo llegar a intentar observarlo desde la esquina más fría (y espero que nadie se ofenda) que tiene que ver con lo económico. Con suerte si tu sueldo da para alimentar tu boca ¿cómo va a hacerlo para dar de comer a otros?
 
Dicen que el amor siempre genera. Y puede ser. Pero quizás si tu egoísmo y tus miedos (los peores, los que viven en la anticipación) no dan ¿qué se puede hacer?
 
Se puede dar un hijo en adopción, por su­puesto. De seguro hay valientes que sí pueden entregar eso y mucho. Pero la verdad ser un generador de hijos en adopción no es una buena idea.
 
La pregunta es si es necesario llegar a eso. Ayer se presentó todo un debate sobre el aborto terapéutico, que finalmente te hace hablar del otro aborto, el que tiene que ver con la opción. Del que tiene que ver con elegir. No nos hagamos los de la chacra cuando todo tiene que ver con todo. Como no soy mujer, me cuesta mucho tener una posición clara, pero yo no me puedo meter con el útero de nadie. Yo no voy a tener en el vientre un feto que se desarrolle durante nueve me­ses. No puedo ser tan egoísta.
 
Lo que sí puedo es hablar sobre el asco que me da esta sociedad machista y paternalista, incapaz de ponerse en el lugar de una mujer. Y de entregar información clara de cómo evitar el evento más duro de todos.
 
Los conservadores no quieren perder una. Te dicen no a quitar una vida, pero no te enseñan a responsabilizarte con herramientas, sa­biendo que tus genitales sí pueden generar u­na. No podemos hablar del condón – porque supuestamente generaría promiscuidad, que ups, existe igual – ni tampoco recomendar a chicas de 15 años, que sí son ultraestimuladas por el ambiente, que vayan y empie­cen a tomar desde ya pastillas o se pongan una T de cobre. 
 
Como el mundo va hacia otro lado, aun­que duela, tenemos que asumir los es­cenarios y las preguntas más duras ¿qué hubiese pasado si ese niño con esa piedra no existe? Sí, pongámonos en el caso que no existe. De seguro habría cuatro niños que tendrían a su madre en casa. Es lo único que tengo en la cabeza.
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