Columna de Isabel Palma: "Yo Artista: El costo de una pasión"

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No es poco habitual leer ránkings acerca de los sueldos que pagan cada una de las profesiones que puede elegir un ser humano en este país. Estamos acostumbrados a ver cómo ser médico o ingeniero civil asegura estar dentro de los top ten de mejores sueldos, mientras que un profesor o un técnico (entre muchos otros) están bastante más abajo en la escala, aun cuando son tremendamente necesarios. Pero en esta columna no quiero hablar de ellos, sino de otra de las profesiones (antiguamente llamada oficio) que detenta una muy baja perspectiva de ingreso futuro: el artista.

Cuando un hijo o familiar que con buenas notas en el colegio y con un buen puntaje en la PSU dice “quiero estudiar arte”, “quiero ser escultor”, “quiero estudiar teatro”, a más de un familiar se le escucha decir “¡Fregamos!”, “¡Va a desperdiciar su inteligencia!”, “¡De qué va a vivir!”.  Y es triste, pues quien decide seguir la pasión del arte no está ni cerca de desperdiciar sus talentos ni su inteligencia, aun cuando lamentablemente sí deberá preguntarse “¿de qué voy a vivir?”. Sí, porque desgraciadamente en nuestro país el arte no es valorado como quisiéramos ni menos pagado. Considerando lo poco que visitamos museos y exposiciones artísticas, mal podemos esperar que tengamos “educado el gusto y el ojo”, por ende, muchas veces no sabemos reconocer un buen cuadro o una buena escultura. En segundo lugar, quienes tienen capacidad adquisitiva, prefieren “lucirse” entre sus amigos con un buen sofá de cuero en su living que con una escultura de nivel. Prefieren tener un buen televisor que un buen cuadro. En conclusion: no hay cultura de tener objetos de arte (simples o sofisticados) en nuestras casas.

 Entonces, ¿qué puede esperar un artista que ha decidido seguir su pasión a costa de su estabilidad económica? No mucho. Si bien ha habido importantes avances en materia de Gobierno respecto del apoyo a la cultura y las artes, aún estamos lejísimos de valorar como se merecen a aquellos quienes son capaces de crear belleza, porque para mí eso es el arte, crear belleza.

En mi opinión, además de entregar apoyo a los artistas para que desa­­rrollen su arte, las autoridades debieran destinar recursos a educar aún más a la población respecto del valor de una pieza artística, sea ella un cuadro, una escultura, una obra musical o teatral, etc. Brindar el apoyo de asesores comunicacionales y de marketing para las asociaciones de escultores, pintores, artesanos, etc. sería de gran ayuda.  Que los museos fueran gratis todo el año tambien cooperaría. Que los niños contaran con clases de arte donde aprendan, más allá de dibujar, la historia del arte.  Que los conciertos y el teatro estuvieran más cerca de la gente y con mayor regularidad.

En definitiva,  enseñar a respetar a quienes tienen talento e incentivar que, quienes puedan, inviertan (y ostenten su status) a través de nuestro arte y como me sopló una querida amiga, quien optó por estudiar Teatro, el artista sí puede esperar algo valiosísimo: trascender, porque la historia de una sociedad ha estado indisolublemente unida a su arte.

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