El drama de los niños inmigrantes: Por sus orígenes rurales, no pueden ir a la escuela

En Beijing, China, los padres están protestando por la igualdad de derechos en la educación de sus hijos

Por Jordan Pouille/Publimetro Internacional

Cada último jueves del mes, cientos de padres se reúnen frente a las oficina de quejas del Ministerio de Educación en Beijing. No se oye gritar a nadie ni se ven carteles.

Migración: La reforma de Hukou y los inmigrantes Prensa: hace dos años, 13 periódicos de 11 provincias de China publicaron una editorial firmada. Hicieron un llamado para acelerar la reforma del sistema Hukou. Migración interna: la población de Beijing es de 19,6 millones de habitantes y ha crecido un 45% en 10 años. Más de un tercio de ellos provienen de otras regiones de China. Crecimiento: la afluencia de inmigrantes es la principal contribución para el crecimiento rápido de Beijing, dicen en la Oficina  

Como de costumbre, los policías filman a cada manifestante y les piden que se dispersen. Durante tres años, estos padres y madres han estado pidiendo reunirse con funcionarios de alto rango, pero ha sido en vano. En Beijing, siete millones de personas (un tercio de la población de la capital), son trabajadores que se trasladaron a la capital.

Los tratan como a extraños, sus hijos no pueden ir a la escuela local ni pueden asistir a exámenes. Esta es la principal discriminación causada por el sistema Hukou de China, un método de registro de hogares que tiene siglos de antigüedad. “Ahora tenemos 11.000 firmas, más de 87.000 personas se unieron a nuestro grupo en Internet de forma anónima”, dice la señora Yang de Shanxi, provincia al norte de China, que trabaja como empleada do­més­tica para una familia acomodada de Beijing.

“Con mi marido, hemos trabajado duro para comprar un pe­que­ño departamento. Estamos orgullosos de pagar nuestros impuestos aquí, pero to­davía nos sentimos como ciudadanos de segunda clase. Nuestro hijo no puede disfrutar de los servicios públicos básicos como la escuela”, dice.

Los Yang tampoco tienen beneficios para la salud y el desempleo. El mes pasado, China presentó una ley para prohibir las restricciones Hukou en ciudades de tamaño medio, pero no en las grandes ciudades como Beijing o Shanghai.

Sin el acceso legal a las escuelas de la ciudad, ¿dónde terminan estos niños migrantes? “Una donación puede cambiar muchas cosas”, dice de forma anónima una madre de gemelos, de 42 años, desde la provincia de Sichuan. “Después de negociar, el director me pidió que hiciera una do­nación, más los gastos de matrícula.

Dijo que la escuela va a comprar 3 aparatos de televisión con mi dinero”, confiesa. Ella entregó 20 mil yuanes (1 millón 600 mil dólares), el sueldo de 7 meses. Los padres que no pueden pagar tanto y no pueden en­viar a sus hijos de regreso a su ciudad natal no tienen más remedio que confiar en el mal sistema y en las malas subvenciones para los migrantes, que ofrecen bajos niveles de educación, con instalaciones deficientes.

El año pasado, 23 de ellas fueron cerradas en Beijing por “razones de seguridad”. Los niños de padres mi­gran­tes se enfrentan a otra lucha antes de la universidad: La Gaokao, un examen de entrada a la la educación superior.

“Si mi niño, que trabajó duro, quiere entrar en una universidad tan prestigiosa como Tsinghua, debe regresar a nuestro pueblo en Henan para rendir su Gaokao. Pero allá, todos los estudiantes son feroces competidores”, dice la señora Yang.

A cada una de las 34 provincias de China se le da una cierta cuota para el acceso a las mejores universidades. Publimetro ha notado du­rante los viajes en las zonasmás remotas de China que no es raro que los adolescentes de los colegios rurales estudien los siete días a la semana de 8:00 am a 10:00 pm.

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