El diablo se apodera de este pueblo durante el Sábado de Gloria

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El mal se apoderó este Sábado de Gloria del poblado de Alangasí, una pequeña localidad cercana a Quito, donde más de una veintena de diablos ocuparon su iglesia y plaza para asustar a los fieles, que esperan la resurrección de Cristo.

El caótico y colorido desfilar de diablos por el pueblo concluye con una fuerte asonada de fuegos artificiales. El capataz de los diablos será ahorcado el Domingo de Resurrección en la plaza central, mientras un tierno ángel intentará quitar el velo de luto a la Virgen María.

La escenificación forma parte del sincretismo entre la fe católica y la cosmovisión andina, durante la celebración de la Semana Santa.

“Es la representación de la maldad, del lado contrario de Dios que está emocionado con la muerte de Jesucristo”, señaló a Efe Silvana Mejía, una de las organizadores del rito en el que, de una u otra forma, interviene toda la comunidad.

Son 24 los diablos que esta noche asaltaron el pueblo de Alangasí, ubicado a unos 20 kilómetros al este de la capital ecuatoriana, e ingresaron en la iglesia que en un momento quedó en penumbras.

La comparsa, que se realiza cada año desde hace más de un siglo, tiene como personajes principales a las personas (jóvenes, adultos y niños) disfrazadas como diablos, con capas rojas y negras y pesadas caretas de madera con imágenes abominables, tocadas por cuernos como si se tratara del mismo Mefistófeles.

Balidos terroríficos asustan a los niños, mientras la procesión de los malignos llega a la iglesia para hacer de las suyas. Los diablos coquetean con las muchachas, encienden cigarrillos y se ríen de forma tenebrosa.

Pasean por los corredores de la iglesia que, de a poco, empieza a apagar las luces y a quedarse en tinieblas, mientras un grupo de diez personas, vestidas como antiguos soldados romanos, cuidan el cuerpo de la imagen de Cristo muerto, ubicado en una urna de cristal.

Luego el cura de la parroquia celebra una misa que concluye con una aclamación por la resurrección, que es el momento en que los diablos salen en jolgorio de la iglesia para dirigirse a una pequeña fogata prendida en la calle, donde encienden los petardos, voladores y otros juegos artificiales para causar temor entre los fieles.

Los diablos corretean con los fuegos de artificio encendido, mientras la gente se guarece donde puede; el ruido ensordecedor y el humo que deja la pólvora envuelve el ambiente, pero se disipa ante la huida de los diablos.

La alegoría representa “la huida del mal cuando Cristo reaparece, resucita”, indicó Mejía tras comentar que el “diablo capataz” de forma figurativa será ahorcado en la misma plaza el domingo de pascua.

Esta conmemoración se realiza “desde hace muchos años, porque el pueblo de Alangasí se ha caracterizado por ser un pueblo que cultiva las tradiciones”, agregó y remarcó que en la comunidad se ha hecho un trabajo permanente para incentivar en la juventud este tipo de cultura.

“Es una mezcla de la cultura católica y la de nuestros antepasados”, añadió Mejía.

Por su parte, Fabián Sosa, quien protagonizó esta noche al “capataz” de los diablos, dijo a Efe que este tipo de celebraciones se ha transmitido por generaciones.

Con algo de sarcasmo, Sosa aseguró: “Mañana me van a ahorcar y a quemar”, pues un monigote parecido a él será colgado en un aparejo instalado en la plaza del pueblo, de donde también estará sujeta una niña, vestida de ángel, quien se encargará de quitarle el velo de luto a la Virgen María.

Explicó que una romería, encabezada por la imagen de la Virgen, recorrerá el pueblo y que dará vueltas por la plaza, pasará por debajo del aparejo y la pequeña ángel hará varios intentos hasta retirarle el velo que cubre la cabeza de María.

“Cuando se quita el luto, entonces se acaba todo, porque significa que Cristo ha resucitado”, explicó Sosa, el diablo “capataz”, personaje que este año le ha tocado representar y que le recuerda a su abuelo, que también se vistió de diablo en Alangasí.

 

EFE

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