Columna de Juan Manuel Astorga: "La ética y la estética"

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Aunque lo ético siempre es más importante que lo estético, parto por esto último para dejarlo despejado y entrar al tema de fondo. Es estéticamente poco presentable ante la opinión pública que los senadores se asignen un incremento de 2 millones de pesos en asignaciones para gastos operativos. Resulta muy difícil de explicar ante la ciudadanía que, mientras se debate cómo reducir la desigualdad, mejorar los sueldos de millones de chilenos y recaudar más recursos para el Estado, 38 legisladores vayan a recibir esa suma porque no les alcanzaba con lo que ya les estaban asignando. Y aunque puede que en la práctica el dinero esté más que bien rendido y los gastos muy bien acreditados, al ciudadano promedio le indigna saber que a unos pocos les toca lo que a casi todo el resto nunca. Es estéticamente imposible de justificar por qué los que deberían estar luchando en el parlamento por mayores grados de igualdad, se distancian de ese cometido cuando obtienen para ellos los que la masa jamás podría obtener si pidiera lo mismo. En resumen, es muy poco defendible el gesto de incrementar las asignaciones senatoriales en lugar de exigirles a los parlamentarios que se las arreglen con lo que ya tienen.

Dicho lo anterior, vamos a lo ético. La batahola de insultos que se leen en las redes sociales contra nuestros congresistas surgieron luego que fuera un diputado el que levantara la polémica. El socialista Fidel Espinoza, se “escandalizó” ante lo que consideró un acto “vergonzoso”. Puede que él esté legítimamente convencido de sus argumentos, pero es igualmente legítimo pensar que junto a esas convicciones hay otros motivos que lo llevaron a destapar tanto jaleo. Es sabido que los diputados aspiran en su mayoría a ser senadores. De los actuales 38 legisladores de la Cámara Alta, 32 fueron diputados. ¿Tiene aspiraciones Fidel Espinoza de convertirse en senador? ¿Está haciéndose campaña para llegar a ese puesto en dos años más?. Y si lo consigue ¿va a renunciar a esos recursos? Con sus reiteradas críticas al Senado, Espinoza se puso “del lado de la ciudadanía”.

Denostar a los parlamentarios es gratis porque tienen muy poca valoración en las encuestas. Es muy rentable a corto plazo. Sin embargo, en el largo plazo, lo que hoy nos parece gratis puede terminar constando muy caro. ¿Hay ética detrás de lo que hizo el diputado? Con sus recriminaciones no sólo puso en entredicho al Senado, sino que a los integrantes de un comité independiente que había visado el incremento de las asignaciones luego de estudiarlo. Ese comité está compuesto por personajes de alta reputación, entre los que figuran un ex rector de la Universidad de Chile, un ex presidente del Banco Central y un ex director de Presupuesto, entre otros. 

No hay duda alguna de lo necesario que resulta fortalecer el trabajo parlamentario. Este año se van a discutir reformas fundamentales y, por lo mismo, se requiere de parlamentarios atentos al sentir de sus representados, es decir, en contacto con sus circunscripciones, cuyas extensiones territoriales son muchísimo más amplias que los distritos de los diputados. 

Resulta también un contrasentido que nos quejemos porque las leyes son malas, pero al mismo tiempo no se le otorguen a los legisladores los recursos para que puedan estudiar en profundidad temas que nos afectan a todos. Contratar asesorías de expertos en temas complejos como los tributarios, por ejemplo, cuesta plata, y harta.

Es urgente darle más relevancia al Congreso, pero eso no se consigue cuestionando cuándo gastan, sino mejorando su representatividad. Lo otro es pegar en las canillas. Espinoza rasca donde no pica. No son los recursos que consumen nuestros legisladores lo que nos debiera importar, mientras éstos sean bien utilizados, sino tener parlamentarios que realmente nos representen. Criticar si reciben 2 millones más o 2 millones menos, es mucho menos relevante que debatir a quiénes estamos eligiendo y bajo qué sistema político. 

Esta semana nos quedó claro que la gente o no le cree o no entiende a nuestros congresistas. Y nos quedó claro también que un diputado congraciándose con el electorado puede funcionar, aunque eso sea igualmente poco ético y estético. 

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