El más famoso espía chileno sigue de investigador privado

Por Jorge Arellano

 Lentes espías, lápices con cámaras, grabadoras inteligentes, ya no son productos exclusivos de películas o series de televisión. Claro porque la venta de estos elementos es cada vez más co­mún y los precios más accesibles.
 
La Casa del Espía”, es lí­der en este rubro. La em­presa encabezada por el in­vestigador privado Dante Yutronic, quien estuvo sentenciado por interceptación ilegal en el caso donde falleció el ex fundador de la Universidad Santo Tomás Ge­rardo Rocha y el martillero Jaime Oliva, vende cada vez más estos elementos e in­cluso muchos de sus productos están casi agotados.
 
“Se acerca mucha gente y por distintos motivos. Desde infidelidad, pasando por personas que quieren descubrir drogadicción de los hijos o que quieren ubicar personas para cobrar pensiones alimenticias, entre otras”, explicó a Publimetro.
 
Imágenes que dejan en evidencia, por ejemplo, el maltrato infantil de nanas a niños o violencia contra adultos mayores, son cada vez más comunes y los productos de espionaje ayudan a revelar más de estos ilícitos.
 
Pero “La Casa del Espía” no sólo vende productos, si no que continúa desarrollando la investigación privada. Muchas personas se acercan a su equipo, compuesto por ocho personas, para realizar seguimientos y otros niveles de espionaje.
 
“Tenemos trabajo en todo el país pero después de lo que me pasó no tomamos todos los casos”, sentenció.  
 
“Todos ganaron  conmigo”
 
A Dante Yutronic no le gusta hablar del caso Rocha en el que estuvo involucrado y por el que tuvo que cumplir reclusión nocturna.
 
“Es un tema obsoleto. Mi familia sufrió mucho, mis hijos sobre todo porque tienen un apellido que no es muy común”, explica Yutronic.
 
“Todo el mundo ganó dinero conmigo, me destruyeron, fue algo horrible”, añade el investigador privado quien con sus apariciones en televisión hace un par de décadas fue conocido como el “James Bond chileno”.
 
Yutronic finalmente desistió de escribir un libro donde iba a narrar su trabajo en ese caso y dice que el tema ya se debe olvidar.
 
“Nunca quise ir a la televisión a contar los hechos, me pagaban mucho, nunca hice una contrademanda… lo cierto es que al final quedó claro que yo no era culpable de nada”, sentencia.  
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