Columna de TV: "Vida por Vida: Hombres de Blanco"

Por Marcelo Ibáñez Campos

En las series de hospitales los médicos son semidioses parados más allá de la vida y la muerte.  Seres de inmaculadas batas blancas que parecen curar dolencias con el brillo de sus sonrisas y un conocimiento enciclopédico de la maquinaria corporal a lo Dr. House. Quizás por eso las series se esfuerzan en imaginarlos como personas que inmolan su vida privada por el bienestar de sus pacientes. En humanizarlos como eternos pacientes de una UTI amorosa. Tipos que son capaces de curarlo casi todo, excepto su propio corazón (awwww).
 
Vida por Vida” sigue en esencia, ese mismo camino ya recorrido por series como “E.R” y la estupenda “Grey’s Anatomy”, pero con un elenco reducido a niveles casi monacales. Aunque las aspiraciones de la serie parezcan ser mayores, bajo la superficie está la misma teleserie de siempre: dos doctores (Daniel Muñoz y Julio Milostich) que se enfrentan por el amor de una bella y joven cirujana (Celine Raymond), otra doctora que ama a uno de ellos en secreto mientras intenta infructuosamente ser inseminada artificialmente (Tamara Acosta) y una misteriosa paciente en coma que es visitada por uno de los doctores (Daniel Muñoz).
 
La serie tiene muy buenas actuaciones, gran recreación de ambiente y suficiente adrenalina de urgencias para mantener la atención del televidente, pero vuelve a repetir esta visión edulcorada de los hombres de blanco como personas dispuestas a sacrificar todo por salvar la vida de otros. A ello la serie suma conflictos mucho más interesantes dramáticamente, como las del Dr. Mackenna y su padre, dueño de una clínica privada. Uno de esos doctores que parecen serle más fiel al juramento de Milton Friedman –creador de la economía neoliberal- que al hipocrático.
 
Quizás ahí está la clave de por qué a pesar de todos sus méritos –actuaciones, ambientación y fotografía- la serie no logra emocionar del todo. “Vida por Vida” debe mejorar lo conflictos amorosos –hasta ahora insípidos-, hincarle el diente al contexto social y sumar la hasta ahora casi ausente perspectiva de los pacientes. Algo que entendió tan bien “Los 80s”: si nos emocionaba era porque, de una u otra manera, todos éramos la familia Herrera. La ecuación es tan simple como entender que no todos podemos ser doctores pero si pacientes. ¿Isapre o Fonasa?

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo