Columna "Come y Calla" por Felipe Espinosa: "China a dos pasos"

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El  emperador Quin Shi Huang, quien mandó a construir la gran muralla china para mantener fuera del imperio a los innumerables ejércitos salvajes de la época, nunca debió imaginar cómo los sabores y aromas de su región se convertirían en una invasión culinaria de nivel mundial. Al chileno promedio le encanta la comida china, no hay familia en este país que no se jacte de comprar para llevar los días domingo, el wantán y el arrollado primavera son reconocidos aperitivos que con una cerveza bien fría funcionan de maravilla.

Pero eso no es todo, siempre hay más que conocer a la hora de pensar en China. Siempre que salgo a pasear con mi perro, pasamos por una de las fachadas mas orientales y bonitas del barrio, la del China Village, que asemeja una pagoda y está tan bien iluminada que no podría pasar desapercibida en la esquina que habita. En su interior de techo alto, se observa una terraza que comparte una pileta, los salones son amplios y  de­corados en aquel estilo tan uni­forme de los restaurantes chinos en Chile. El no tan secreto aquí, es que por varios años fue elegida como la mejor cocina del género por el circulo de cronistas gastronómicos, aquí se develan preparaciones muy ausentes en otros restaurantes que se niegan a diversificar su oferta de carne mongoliana y pollo chitén.                        

Por ejemplo, dentro de los aperitivos se pueden encontrar la carne emperador, que son bolitas de carne rebosadas en batido y fritas, hay unas tiritas de pollo que en el paladar dejan la incógnita del sazón aplicado, fina juliana de ave condimentada y salteada, y uno de mis favoritos, las copas de oro, que de simple sorprenden por su sabor y presentación. Se trata de unas pequeñas canastitas formadas por una masa frita que se rellenan con vegetales salteados y pequeñas colitas de camarón, sólo se les debe agregar una gota de soya y el crujiente sonido que se escucha al morderlas es un transporte indeleble al Asia.

Lo bueno de este palacio oriental es que en su carta se ofrecen platos fuera de norma, desconocidas preparaciones que al ojo chilensis son novedosas y algo particulares, sin duda, la mano de los cocineros importados directamente desde China influyen en esto. Hay un plato, el caldero mongol que me fascina por su sabor y porque se sirven diferentes cortes de carnes en un enjundioso caldo dentro de una ollita de fierro forjado. Muchos platos vienen en “tepanyaki”, que es una plancha de fierro que llega chi­rriante a la mesa, manteniendo a una temperatura ideal los alimentos mientras se disfruta del festín. 

Para los herbívoros hay muchas opciones, el juego de salsas y caldos ponen en el tapete platos con tofu o las simpáticas berenjenas flambeadas que a la usanza de año nuevo llegan presentadas en un paquete envuelto en lla­mas. Sí, en llamas, dulzura sin precedentes de la mezcla del vegetal con tiritas de pollo, fácil de comer si se tiene cuidado con el fuego.     

Cuando pienso en comida china ya no me acoto tan sólo al chopsuey o al arroz chaufán, soy un afortu­nado de tener a un par de cuadras de mi casa a uno de los mejores y em­blemáticos exponentes de la cocina milenaria de China de la capital, siempre hay alguna sorpresa y una vez al año realizan un festival único donde lo más desconocido y tradicional se ofrenda al comensal occidental.

Coordenadas:

China Village

Manquehue sur 5519, Las Condes. 

Teléfono 9201288 

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