Columna de Juan Manuel Astorga: "Las cosas a medias"

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El  Presidente Sebastián Piñera le entregó en bandeja a la oposición un insuperable argumento para cuestionar lo que tantas otras veces le han criticado: que toma decisiones sin la convicción suficiente.

El anuncio que hizo de una reforma tributaria evidencia a todas luces que el proyecto no le gusta, no lo convence y no lo quería. Pero aún así, lo presentó. Lo más increíble es que la iniciativa tampoco satisface a su propio sector.

El Mandatario explicó anoche en cadena voluntaria de radio y televisión que enviará al Congreso un proyecto para subir la tasa de impuesto permanente sobre las utilidades de las empresas del 17% al 20% y una eliminación de varias franquicias tributarias o distorsiones que reducen la recaudación y que no se justifican. El perfeccionamiento dado a conocer por el Jefe de Estado incluye ciertas novedades como una flexibilización del impuesto a los combustibles y tributos “verdes”, además de dar un alivio tributario para las personas, al reducir las tasas marginales de sus impuestos a la renta.

Entre sumas y restas, la reforma recaudará entre 700 y mil millones de dólares. Aunque Piñera dijo anoche lo contrario, lo cierto es que esa cifra es insuficiente para los objetivos trazados en materia educacional. Estimaciones que provienen desde el mismo ministerio de Harald Beyer señalan que su reforma requiere de mil 400 millones de dólares. Para que nos hagamos una idea, a largo plazo y sólo en materia de educación escolar se necesitarán 4 mil millones de dólares anuales a partir del 2018, cuando esté operando completamente la reforma a ese sector. Si consideramos, además, que originalmente la discusión sobre hacer una profunda reforma al sistema tributario surgió a partir de la necesidad de corregir la desigualdad, con este proyecto se está lejos de conseguir ese objetivo.

La oposición ha planteado que es necesario hacer cambios sustantivos a nuestro sistema tributario para que, de forma escalonada, se recauden unos 7 mil millones de dólares. Según sus cálculos, la disponibilidad fiscal (es decir, la plata que el fisco tiene en caja para poder gastar cada año), ha ido cayendo progresivamente. La holgura fiscal ha disminuido en proyección a 3 años, según la propia Dirección de Presupuesto.

Cuando comenzó este Gobierno, era de un 4% del producto interno bruto, PIB. Hoy es menos del 1%. Los gastos han aumentado no por ineficiencia, sino porque se han puesto en marcha otros programas sociales como la eliminación de la cotización para salud de los jubilados, el posnatal y el ingreso ético familiar, los que consumen más recursos. Si a eso sumamos compromisos ya adquiridos en educación, todo suma al menos mil 800 millones de dólares que esta reforma no alcanza a cubrir. A los actuales programas en ejecución agregamos otros como la capacitación efectiva en materia laboral y reforzamientos en materia de salud, que también requieren de plata, por lo que la caja no nos está dando.

Lo que más sorprende del anuncio es que no sólo deja insatisfecha a la oposición sino que a una parte de la propia Alianza por Chile. Desde la UDI, el senador Hernán Larraín había planteado que es necesario recaudar al menos unos 2 mil millones de dólares y que, dicho por él mismo, “hacer una reforma tributaria para recaudar dos chauchas, no vale la pena”. En otros sectores del mismo partido habían presionado casi de manera chantajista sobre lo imperioso de eliminar completamente el impuesto específico a los combustibles, cuestión que tampoco contiene la reforma anunciada anoche.

Ni moros ni cristianos quedaron contentos con el anuncio. Tampoco los empresarios, que están más que incómodos con el aumento del impuesto al 20%. Esto, a pesar de que los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, Ocde, organismo del que Chile se siente orgulloso en pertenecer, pagan un promedio de 26%. Es más, quienes han exigido que se mejore la distribución del ingreso aseguran con cifras en la mano que la recaudación tributaria progresiva ha disminuido la desigualdad salarial en esos mismos países Ocde. ¿Por qué se piensa que en Chile no funcionaría? Los contrarios a aumentar impuestos insisten con la idea de que desincentivaría la inversión, una falacia porque en nuestro país se han incrementado los tributos en varias ocasiones y jamás se ha dado ese escenario.

Si consideramos que la reforma pretende financiar una mejor educación, chilenos más y mejor capacitados para enfrentar el mercado laboral redundará en profesionales que pagarán más impuestos porque tendrán mejores ingresos.

Visto de esta manera, la reforma resulta insuficiente. Un esfuerzo que se valora pero que se queda corto y que, por razones diametralmente opuestas, no dejó contento a nadie.

*Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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