Columna de René Naranjo: "Choferes, criminales y adictos"

Por

Súper jueves de cine en Chile o, para ser más específicos, en Santiago (la cartelera de calidad está seriamente en deuda con las regiones). Con la llegada de “Drive”, “Shame”, y el o­por­tuno reestreno del “Scarface” (1983), los creyentes en el cine como expresión artística tienen una sema­na de regocijo de esas que aquí sólo se ven de vez en cuando.

 “Drive”, la película premiada en Cannes y que el Oscar ignoró, es una obra contundente y estilizada, que se inscribe prestamente entre los mejores estrenos de 2012. Protagonizada por un impasible Ryan Gosling en gran actuación y dirigida en forma impecable por el danés Nicolas Winding Refn, señala una fusión perfecta entre Hollywood y Europa, entre el cine de acción y la visión au­toral del cineasta.
 
Es un filme lejano a todo sicologismo y de clima hipnótico -hace pen­­­sar en el Michael Mann de “Ca­-za­dor de hombres”- en el cual bri­llantes escenas de persecución automovilística se alternan con momentos de silencio infranqueable y asesinatos feroces. La escena inicial, calculada como con cronómetro y ojo ma­­temático, es perfecta en su sus­pen­so frío, como lo es la mirada casi extraterrestre de la vida en la ciudad de Los Angeles. 
 
En medio de este filme de alucinación constante, al ritmo de una banda sonora ejemplar, se lucen tam­­bién en sus roles Carey Mulligan y un perverso Albert Brooks, seres 
-al igual que los demás- involucrados a veces sin responsabilidad alguna en una enmarañada red destinada a la destrucción. Formidable.
 
“Shame” es el segundo lar­gome­traje del director inglés Steve Mc­Queen y desde su inicio mismo -con el protagonista, Michael Fassbender, acostado como un muerto en su ca­ma- instala el tema del extravío emo­cional en medio de un admirable manejo de los recursos cinematográficos. Cada plano, cada corte, ca­­­da ángulo de cámara es preciso en esta historia filmada en Nueva York sobre un hombre que llena cada mi­nuto de su vida con sexo.
 
Lo único parecido al afecto que co­noce Brandon es la relación con su autodestructiva hermana (de nue­vo la gran Carey Mulligan); lo demás es todo físico y descartable. 
 
McQueen enfatiza la pulcritud de su puesta en escena para realzar la angustia compulsiva de Brandon (sólido trabajo actoral de Fass­ben­der) y expone lo sexual sin falsos pu­dores en pantalla, con densidad ar­tís­tica y poder de impacto. El pro­ce­so interno del protagonista, que tie­ne fobia al compromiso si bien bus­ca secretamente la redención, re­sul­ta, sin embargo, menos intere­san­te, a riesgo del cliché. Es, de to­dos mo­dos, un filme valioso, provocativo y de enorme intensidad, finamente acunado por una música sensa­cio­nal.
 
Ver “Scarface” a tres décadas de su estreno sirve para recordar el gran cine que llegó a realizar Brian de Palma, comprobar la actualidad de su visión sobre el tráfico de drogas y admirarse de nuevo con la ac­tua­ción de Al Pacino, que con­vierte a Tony Montana en un Ri­cardo III de la cocaína y así a la película misma en una tragedia shakespeareana. 
 
Traición, mentiras, obsesiones y crímenes de alto calibre escriben u­na narración vibrante en que la lealtad tiene el mismo valor que la vida humana: cero. La cámara de De Pal­ma (con sus bien aprendidas lecciones de Hitchcock) ilustra cada felonía como si fuera un vals; al centro de este baile onda disco, Pacino vive su auge y caída sin ceder en nada y con una sola certeza: de que al­guien, algún día, lo acribillará por la espalda.
 
Fichas técnicas:
 
“Drive”
Director:Nicolas Winding Refn
Con: Ryan Gosling, Albert Brooks 
eeuu, 2011
 
“Shame”
Director: Steve McQueen
Con: Michael Fassbender y Carey Mulligan
uk/eeuu, 2011
 
“Scarface”
Director: Brian de Palma
Con: Al Pacino, Michelle Pfeiffer
eeuu, 1983