Columna de Copano: "El país de algunos"

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En el país de algunos, donde no cabemos todos, develar que ellos son discriminadores está mal. Como se acostumbraron a que todo sea como ellos quieren, nosotros, los otros, los muchos, somos los malo. No tenemos la cultura suficiente para ingresar a sus mundos, no poseemos la forma para poder ingresar a nuestros hijos a sus colegios. Y cuando lo decimos o se ve en algún reportaje, estamos dividiendo. Estamos criticando mucho. Estamos siendo poco agradecidos de lo que esos algunos nos dan.

Esos algunos son pocos. Ni siquiera son la comunidad completa a la que pertenecen. Ellos han diseñado una forma de vivir muy dañina en este país. Nos han condenado a tener una vida desde donde nacemos. No podemos cambiar sus formas. No podemos pedir más y mejores reglas del juego. Cuando las solicitamos estamos “pidiendo mucho” y “hay que analizar cómo hemos crecido en este país en vez de reclamar tanto”.

 
Esos algunos nos hieren. Ellos nos hacen sentir aislados, como parte de una masa de gente sin cerebro. Y no es así. Y lo peor de todo es que la cosa que inventaron (sus constituciones, sus juegos, sus formas de ver el mundo sólo basadas en el cheque, alimentados por la infinita ambición) que le vamos a llamar “modelito” funciona muy mal. Y nos va a afectar a todos.
 
En el país de algunos, sólo hay 25 profesores de calidad según la prueba Inicia que refleja que en la educación de hoy la mala situación se inicia en las aulas. En ese lugar, donde se elevan banderas en nombre de valores como la vida, no se respeta a los que ya la tienen. Y nos han educado bajo la lógica de que la dignidad se compra. Que hay que estar en ciertos lugares para que las cosas funcionen.
 
Si tuviésemos una educación pública como la gente, la que los algunos detestan porque creen que atenta contra la libertad (y a la que usted puede apoyar entrando a  
 
http://www.educacionpublicaahora.cl/, tendríamos hijos educados en la dignidad y la igualdad. Cosa que no es mala: uno desde lo igual puede superarse, no estar siempre al nivel de otro, como tratan de interpretar los algunos para que dejemos de buscar ese valor. En cambio sin igualdad vivimos una segregación grosera, y esos algunos no quieren ser todos. A pesar de que siempre elevan banderitas en las cuales exigen que nos unamos y cantemos el himno de todos, pero cuando se acaban nos dejan solos.
 
Uno podría llegar a una serie de conclusiones de por qué no quieren estar con nosotros. En una de esas no les gustamos no más. No nos compran. No nos creen. No nos quieren. Pero ellos nos obligan y usan todos sus métodos para que los adoremos a ellos y sus geniales ideas y ocurrencias. 
Todo es para nosotros más difícil. Y nacemos con más escaleras en contra. Con más dificultad.
Es hora que de una vez por todas esos algunos dejen de inventar lo paralelo y se den cuenta que no por un colegio, una universidad, un puntaje, un auto, un tamaño de casa, un grado no son extraordinarios. Solo sólo seres humanos. Y los seres humanos tienen su definición en sus actos.
 
Cuando dejen de hacer actos hirientes, cuando se pongan en el lugar de otro, es altamente probable que las cosas cambien de una vez. Antes no. Y en serio los necesitamos.