La dura prueba que debió enfrentar la mamá de Kevin Silva

Por Andrea Urrejola/Publimetro

Para ejemplarizar el amor, la abnegación, fuerza y en­trega de una madre, entrevistamos a Brenda Toledo, la mamá de Kevin Silva, el deportista adolescente a quien el 3 de abril del año pasado un conductor ebrio casi arrebata su vida cuando lo atropelló cerca de las siete de la mañana mientras esperaba locomoción para dirigirse a la Maratón de Santiago. Kevin sobrevivió a la tragedia, pero sin sus extremidades inferiores… Su madre fue su fortaleza. Junto con su esposo Ulises, lo acompañó en todo su proceso de rehabilitación y lo desafió a ponerse nuevamente de pie. La superación de su hijo ha sido su mejor regalo como madre, dice Brenda. “Yo me siento agradecida de ver a Kevin sonreír y caminando”. Lo que Chile desconoce es que a esta mu­jer hace cuatro meses le diag­nosticaron cáncer al ú­tero y, como familia, los Sil­va Toledo debieron en­frentar otro difícil momen­to. Al enterarse de la mala noticia, su hijo Kevin lloró mucho y le decía “mamita qué voy a hacer si te pasa algo” y ella le respondía que no le pasaría nada, que volvería a estar pronto sana. “ Primera vez que cuento esto. Hace algunos meses estuve hospitalizada. Me realizaron una operación bien invasiva, me sacaron el útero y los ovarios. Ya no tengo más posibilidad de ser mamá. Aunque ya a esta edad no pensábamos tener hijos con mi esposo, pues queremos dar la mejor educación a los tres hijos que tenemos. Ahora ya soy solamente mamá y la mitad de mujer, porque me sacaron todo lo que es la femineidad. Me lancé a todo riesgo, pero yo tenía que operarme para seguir adelante con el Kevin, porque nos queda un cami­no muy largo que recorrer. Todo resultó bien, yo creo que mi positivismo me ayu­dó”, expresa Brenda. Agrega: “Si Kevin hubiese perdido la vida después del atropello, téngalo por se­gu­ro que yo ya no estaría viva”. Y con la voz entrecortada nos confiesa que para este Día de la Madre, “yo no espero nada de Kevin, na­da… él me regaló su vida”

Como mamá de Rubén (24), Camila (21) y Kevin (16), Brenda se define como una persona muy estricta. “Yo los llevo derechito”. Les inculca principios, valores, responsabilidades y a no dejarse nunca vencer, sino a luchar al máximo por alcanzar sus metas. “Mis hijos me dicen que parezco Hitler. ‘Heil Hitler’, me dicen. Los tres se ríen de mí, les gusta molestarme, pero me tienen respeto. Si hay que ser dura, lo soy, pero si hay que ser blanda, cedo mucho”.

Reconoce que se ha puesto más cariñosa después del accidente del estudiante de tercero medio. “Si antes les decía a mis hijos, chao, que Dios te bendiga y se iban a estudiar. Ahora voy, los abrazo, les doy un beso, y les digo que vuelvan. Porque uno no sabe en qué mo­mento puede pasar algo tan horrible como nos pasó. Nos decimos cuánto nos queremos a diario o lo de­mostramos con gestos”.

En tanto, como hija, Bren­da nunca ha dejado sola a su madre. Siempre la ha querido tener cerquita para cuidarla. Vive a pocas casas de ella. “Mi mamá es muy de­pendiente de mí. Tengo cuatro hermanos hom­bres y yo soy la única mujer, por lo mi­smo me preocupo más de ella. Todos los días la voy a ver”, manifiesta. Y este do­min­­go la irá a saludar en su día, a tomar desa­yuno o al­morzar con ella, junto con to­­da su familia. Luego volve­rá a su casa a atender su almacén.

“ Mi mamá tiene 78 años, ya está viejita, camina muy poquito. Yo tengo historias para escribir un libro… Una semana antes que Kevin cayera al hospital, mi mamá estuvo en la UCI por una especie de trombosis en el estómago. Salió mi mamá del hospital y a los tres días caí de nuevo allí con Kevin”.

Duras pruebas ha tenido que enfrentar esta madre de 46 años. Pero ver que sus hijos van por buen camino, que quieren ser profesionales y personas de bien, la llena de orgullo y felicidad. También le alegra la vida, ver a Kevin sonreír. Y así lo vimos todos en abril pasado cuando el joven alcanzó la tercera posición en la ca­rrera de 10 kms discapacitados motores en la Maratón de Santiago y también en su reciente cumpleaños (el 10 de de ese mes), cuando Leonardo Farkas le hizo entrega de importantes regalos o con la sencilla celebración que le preparó su familia.

El 20 de mayo Kevin y su madre viajarán a Londres, ya que el 25 paseará la antorcha olímpica representando a Chile, camino a la inauguración de los Juegos de Londres 2012. “Este es un gran aliciente para Kevin, esto lo ayudará a seguir adelante. Él hará el tramo caminando para demostrar que él puede lograr cosas, como ya lo ha hecho”, enfatiza Brenda, antes de concluir con un buen pronóstico para su hijo menor, y por cierto, para el país: “Kevin está practican­do varias veces a la se­mana natación y su entrenador asegura que tiene gran potencial, imagínate que sin sus piernas está alcanzando el nivel de un nadador profesional. Yo creo que en unos años más ganará una medalla olímpica de oro para Chile”, destaca esta madre triunfadora.

Kevin es la luz del hogar

“Desde antes del accidente, siempre yo dije que Kevin era un niño especial. Siempre fue una luz en la casa, el que ponía la alegría, la unión en la familia, el que nos confortaba, el que me besaba el cuello y me decía que me amaba, el que me decía: ‘Mamita cásate conmigo’. Él siempre tuvo muchas cosas positivas, nunca tuvo rencor, ponte tú, yo lo retaba por cualquier tontera y de inmediato pedía disculpas, no porque le haya pasado el accidente yo estoy hablando puras cosas lindas, no, él siempre fue así, fue de piel, cada Día de la Madre él me traía desa­yuno a la cama, y me cantaba las mañanitas, saltaba a la cama, y me hacía gracias, me bailaba, siempre como un payasito, sonriendo y haciendo cosas. Y siempre llegaba con una flor para mí, después del colegio. Es un niño muy, muy cariñoso”.

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