Crítica de discos, por Ignacio Lira: Norah Jones

Por

Norah Jones: 
La Reinvención
“Little Broken Hearts”
nota ▪▪▪▪▫
 
Cuando Norah Jones se dio a conocer al mundo con su exitosísimo “Come Away With Me” el 2002, y el posterior “Feels Like Home”, además de cosechar aplausos, Grammys y jugosos cheques, trajo consigo una imagen de candidez e inocencia que luego se volvió imposible de sacar. La cuerda de ese jazz liviano hecho para atardeceres se estiro al máximo, y al final le hizo muy mal a una artista que en sus trabajos siguientes (“Not Too Late” y “The Fall”) fue perdiendo la brújula.
 
Es probable que tras cuatro discos, lo de “Little Broken Hearts” sea un esfuerzo muy consciente de Jones por librarse de la etiqueta de “música de cafetería”, pero el gran responsable de que este cambio de actitud funcione es sin duda el respetadísimo Danger Mouse, ex- Gnarls Barkley y actual productor estrella que ha prestado sus talentos para Beck y The Black Keys, entre otros. Y con esa tremenda ayuda, finalmente la dulce Norah encuentra un punto de amargura que la lleva a terrenos más amplios e interesantes. El despecho en letras como las de “She’s 22” o la sorprendente -y demoledora- “Miriam” aumenta de volumen e intensidad gracias a guitarras sucias y generosas cuotas de blues y country. 
 
“Say Goodbye” y “Little Broken Hearts” siguen la línea de esta reinvención: coros fantasmales y sonidos sacados de un “spaguetti western” contrastan con las notas de la norteamericana, siempre bellas, pero acá más susurrantes y lacónicas. El resultado es un disco menos luminoso que cualquiera de los anteriores, pero a la vez mucho más complejo. Esta versión post-ruptura amorosa de Jones está menos emparentada con una Carla Bruni, y entra de lleno en el territorio de Cat Power, por poner un ejemplo.
 
Las 12 canciones del disco pasan con rapidez. De pronto esto deja de ser una soleada terraza de “happy hour” y se parece más a un bar polvoriento de tipos solitarios. Es el pop de buena factura y la voz y talento que ya conocemos, pero impulsado desde un costado más oscuro (el dolor del quiebre de una relación, el filtro perverso de Danger Mouse) y que termina convirtiéndose en otra cosa. En algo mejor. Suena terrible, pero la desolación le hizo bien a Norah Jones. Es probable que el desgarro elegante de este disco le guste menos a tu mamá. Pero te va a gustar mucho más a ti.