Columna de TV: ¿Por qué "Mundos Opuestos" es tan exitoso?

Van casi 100 capítulos y alrededor de dos millones de personas siguen enganchadas al televisor día a día, esperando por esa dosis narcótica que entrega “Mundos Opuestos”. Uno de esos programas de televisión que se replican mucho más allá de su emisión hasta hacerse omnipresentes, alimentando las pautas de matinales y programas de farándula de diversos canales. Porque  son los realities la principal base de la cadena alimentaria en la tele nacional. Una granja que cultiva por sobre todo, personalidades nuevas. Especies que entrarán al “star system” criollo, listas para ser devoradas por los carnívoros programas de chismes.

En el mundo los realities de encierro son un género de capa caída que vivió su época de esplendor hace ya casi media década, pero que en Chile siguen siendo grito y plata. Un tema que parece preocupar a un amplio grupo de personas, mucho más que otros asuntos más relevantes: solo esta última semana he oído conversaciones sobre competencias, eliminados, personalidades y romances de “Mundos Opuestos”, entre trabajadores que esperan eternamente el Transantiago cuando recién amanece, oficinistas que caminan por la calle y enfermeras que hacen su turno en una clínica.

El éxito del género quizás se deba simplemente a que todos –en mayor o menor medida- somos sapos y peladores, pero ese reduccionismo no explica la mantención sostenida de audiencias que, en el caso de “Mundos Opuestos”, logró poner en peligro por primera vez el liderato del Festival de Viña. Hay una virtud más profunda en el género, cuya intrascendencia de contenidos saca roncha en algunos y entretiene a muchos: los realities de encierro permiten abordar en cada capítulo, todos los géneros posibles. Como oferta de entretención el reality tiene cada día, en cada emisión, la posibilidad de exhibir dramas, conflictos, lloriqueos, traiciones y peleas a borde de los golpes, mezclados con momentos de humor, romance y acción en las competencias. Una mezcla que convirtió a los realities del 13 en las nuevas telenovelas.

De esos instantes “Mundos Opuestos” ha estado repleto: Dominique y Nash meando la corona de Michelle. El delirio de Huaiquipán hablando con una pelota, las patadas del Chapulín al Chispa o el porrazo del skater que finalmente lo dejó fuera de competencia. Las divertidas peladas de cable de Dominique hablando sola, la avergonzante mamonería de Roca, la ira desatada de Joche ante cada competencia perdida -con trampas del otro equipo según él-, la llorada impotencia de Fany ante la invencible Viviana o la maravillosa frialdad “Kill Bill” de Angélica, que ahora se deja perder en cada competencia individual para eliminar una a una -cual samurai- a sus competidoras. Pero sobre todo, y a diferencia de otros realities, “Mundos Opuestos” ha tenido muchísimos romances. Coqueteos, intercambios de parejas y promesas de amor eterno que van y vienen de manera tan rápida y liviana como los churrines de Vale Roth (a juzgar por Primer Plano, que este viernes le endosó el currículum de “Vale Roth y los 40 futbolistas”)  

Ahora que se acerca el final de “Mundos Opuestos”, cada espectador tendrá su favorito para ganar la competencia y una colección personal de momentos intrascendentes. Instantes que se olvidarán apenas termine el último capítulo. Ese que nos sumirá en la tristeza, la misma que viene después que se pasa el efecto del opio o cualquier otro narcótico. Eso, hasta que C13 tenga preparada para nosotros, una nueva dosis.

¿Cuál es su momento preferido de “Mundos Opuestos” hasta ahora? ¡Postéalo en los comentarios!