Yoani Sánchez: Conocida bloguera cubana habla de Camila Vallejo

La bloguera cubana opositora al régimen castrista conversó con Publimetro sobre la visita de la hija de Raúl Castro a Estados Unidos. También opinó sobre Barack Obama.

Por Lorena Chauca / Publimetro Perú

Yoani Sánchez tiene un hijo adolescente, Teo, y otro que cumplió cinco años en abril. Es un hijo digital, su blog, y su nombre es Generación Y. Publimetro Perú conversó por teléfono con la bloguera cubana más leída en el mundo, y la que más dolores de cabeza le ha causado a Fidel y Raúl Castro. Por eso, no puede salir de Cuba.

Camila Vallejo no quiso reunirse contigo cuando viajó a Cuba. ¿Por qué crees que fue?
No solo conmigo, fue un pedido que le hicimos varias personas de la sociedad civil que no militamos en ningún partido. Lamentablemente, Camila fue inducida por el oficialismo, lo que es una pena porque ella da una imagen de todo lo contrario. Se muestra contestataria, atrevida, y sin embargo en Cuba fue guiada, encerrada en una burbuja con un programa a puertas cerradas. Fue penoso porque su imagen salió perdiendo en todo esto. El gobierno castrista se validó con la imagen de Camila y lastimaron lo que puede ser su esencia más irreverente.

En reciente entrevista con *Publimetro*, Camila señaló que no es que el comunismo haya fracasado sino que “jamás ha existido un real comunismo”. ¿Esto es así?
Coincido con ella, pero el hecho de que nunca se haya puesto en práctica no exonera a las personas que dicen que lo han practicado. El partido de Cuba es el Partido Comunista y en las vallas políticas que hay en todas partes dicen que esto es socialismo. Entonces, o Camila Vallejo está desmintiendo a los gobernantes de la isla, lo cual me parece muy bien, o estamos cayendo en la trampa de un espejismo.

Quien no ha entrado a tu blog podría pensar que dedicas todos tus posts a los hermanos Castro. Sin embargo, existen muchas crónicas de lo que es el día a día en la isla…
Lo que sucede es que yo no soy una analista, me considero fundamentalmente una ciudadana que narra lo que pasa a su alrededor. No pretendo sacar conclusiones, sino que el lector vaya de la mano de una persona que tiene que hacer la cola para el pan, sufrir los problemas de transporte, y que también tiene que enfrentar la censura.

Una de las medidas importantes de Raúl Castro ha sido el permiso para la compra y venta de casas y autos. ¿Cómo va ese cambio?
Ha sido la reforma ‘raulista’ más arriesgada, era un sector que estaba paralizado, ilegalizado durante casi cuatro décadas. Los cubanos no éramos realmente propietarios de nuestras casas. La compra y venta de casas puede romper algo que ha sido uno de los emblemas fundamentales de este sistema: un supuesto igualitarismo. Ahora lo que está ocurriendo es una redistribución de los barrios. Los nuevos ricos, que quizá no habían heredado una buena casa, tienen la oportunidad de comprar casas grandes y mejor situadas. Eso va a traer una redistribución de la ciudad a mediano plazo, habrá barrios ricos y pobres.

¿Te parece que es una medida positiva?
Sí, y además me gusta que haya tenido que ser dada por el castrismo, porque si lo hubiera tenido que hacer otro, las fallas de la reforma le hubieran sido achacadas al liberalismo. Pero por otro lado no hay un mercado inmobiliario, no hay avisos clasificados, entonces la difusión de la información está ocurriendo, como hace un año o 20 años, en la ilegalidad. La medida es positiva, pero está incompleta.

Tus críticos aseguran que apoyas a Estados Unidos, ¿es así?
Es el cartelito que cuelga el gobierno cubano a quien osa cuestionar al Estado, se utiliza como la metáfora del lobo en los cuentos infantiles. Cuando algo no les gusta, tratan de asociarlo con Estados Unidos. En todo caso, Fidel es más pro norteamericano que yo, siempre habla de Estados Unidos, siempre está pensando en Estados Unidos, ha vivido en ese país y allá aprendió inglés. Su gran obsesión en la vida es oponerse a las políticas de Washington. Yo soy una ciudadana cubana que no quiere irse del país, amo Cuba, pero sin injerencias. Nosotros éramos un satélite alrededor de la Unión Soviética y eso lastimó la soberanía nacional, tenemos que recuperarnos de eso.

Entonces, sin injerencias, ni de Venezuela ni tampoco de Estados Unidos…
Exactamente. No podemos caer en las manos de otro imperio, ni podemos ser dependientes, como estamos ahora, que dependemos de la salud de Hugo Chávez, dependemos de los cien mil barriles de petróleo que manda diariamente. Pero sí debe haber participación del pueblo cubano porque este ya no es un país que está reducido a una isla. Tenemos más de 2 millones de cubanos viviendo en el exterior, y cuando el gobierno cubano habla de injerencias en realidad habla del soberano derecho de los cubanos que viven afuera de también decidir, votar, opinar.

También señalan tus críticos que la entrevista que le hiciste a Barack Obama no fue contestada por él, esto a raíz de un cable de Wikileaks….
La entrevista a Barack Obama fue ratificada por el Departamento de Estado y la Casa Blanca, a mí con eso me basta. El cable de Wikileaks lo que muestra es que Obama envió sus respuestas a ser revisadas por su representante en La Habana, eso me parece lo más normal del mundo porque un presidente tiene un equipo de trabajo, tiene personas con las que revisa hasta la ropa que se va a poner. Lo que pasa es que en Cuba estamos acostumbrados a que durante 53 años Fidel Castro no se deje asesorar, y no haya quien le diga ‘Comandante, así no se hace’. Esto solo demuestra que Obama trabaja en equipo.

¿Qué opinas de la censura a la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas?
En ese tema hay una confusión que los cubanos vamos arrastrando. Cuba no fue excluida, es el gobierno de Cuba, que no representa a la totalidad de los cubanos, el excluido. La censura le dio al gobierno cubano un magnífico argumento para reforzar su propaganda de que el mundo nos deja de lado, entonces como vivimos en una plaza sitiada, “disentir es traicionar”. Yo hubiera preferido que el gobierno cubano esté en esa silla y que allí le “cantaran las cuarenta”, que le hubieran dicho todo lo que debería cumplir y no ocurriera lo que pasó: que el tema de las Malvinas y el tema de Cuba secuestraron una Cumbre que hubiera podido dar para más.

¿Qué piensas de la visa que ha entregado Estados Unidos a Mariela Castro, la hija de Raúl?
Es un gesto de armonía que ha tenido el gobierno de EE.UU. con el gobierno de Cuba. Mariela necesita estar en debates que no sean los debates secuestrados a los que está acostumbrada en La Habana. Las dos veces que he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones con ella, una en persona y la otra por Twitter, fue agresiva e infantil. La primera vez me dijo “gallita”, y en Twi-tter nos llamó, a mí y a otros blogueros, “gusanos despreciables”. Una persona que trata el tema de la diversi-dad y la tolerancia debe aprender que la diversidad no es solo la libertad para elegir con quién nos acostamos, sino qué periódico quiero leer y qué partido quiero seguir. Lo curioso es que Mariela Castro está invitada a una conferencia del Latin American Studies Association en San Francisco (EE.UU.), un evento muy importante que se hace cada dos años. La última edición fue en Toronto y yo estuve invitada a una mesa sobre nuevas tecnologías, tenía la visa canadiense, pero el gobierno cubano no me permitió viajar.

Su apoyo a los derechos gay es probablemente lo único en lo que coincides con ella…
Mariela ha hecho mucho por la comunidad  LGTB  en Cuba. Desde los medios, ha ayudado a un pueblo machista a abrir un poco más la mente. Pero mi crítica principal hacia ella es que la comunidad  LGTB  en Cuba necesita representarse a sí misma, no tiene que venir un heterosexual, ni una persona del oficialismo a representarlos.

¿Es ella el nuevo rostro del régimen castrista?
No creo que tenga pretensiones políticas, pero el tema que está tratando y la dulzura que transmite en los medios oficiales tratan de suavizar ese patriarcado militar con que se reconoce al castrismo. Sin duda, ella es un elemento atemperador.

Te has vuelto una asidua usuaria de Twitter. ¿Cómo tuiteas tanto si cada tuit cuesta un dólar cuc, y si además la conexión a Internet es tan complicada en Cuba?
Aquí no podemos acceder a Internet vía doméstica, es un privilegio que se da a las personas políticamente correctas. Entonces, a los ciudadanos solo nos queda ir a un hotel y pagar seis dólares por una hora de conexión. 
Ahora, hace muchos años que trabajo de manera privada y dedico mis recursos personales a Twitter, ese es el lujo que he decidido darme, porque la información es un lujo en Cuba. Además, muchos seguidores de Twi-tter me ayudan con los pa-gos de conexión. Es esto o callarme. Prefiero que me acusen de gastar un dólar por tuit, y no que mis nietos me acusen de haber guardado silencio.

Se te niega la salida de Cuba. ¿Por qué crees que lo hacen?
En primer lugar porque saben que voy a regresar. Cuando sienten que hay una persona incómoda, la empujan al exilio, así se han librado de los inconformes desde hace 53 años. Pero yo no tengo realmente ningún otro lugar del mundo que no sea esta isla, y ellos lo saben. Entonces, que las personas me puedan escuchar podría ayudar a eliminar muchas mentiras que se han dicho de mí afuera. Por otro lado, no me dejan salir como penalización, porque soy como una niña que no puede salir de casa.

¿Cómo enfrentan tú y tu familia esta situación?
Cuando conocí a mi esposo Reynaldo (Escobar) en 1993, él ya era un periodista expulsado de los medios. Juntos encontramos algunos caminos para crecer como personas. Con nuestro hijo nunca hemos tenido dificultades, él está al tanto de todo. He perdido a muchos amigos en estos cinco años, gente que tiene terror a encontrarse conmigo, a tocar mi puerta, pero también he ganado muchos. Este proceso me ha servido para conocer a los verdaderos amigos, y a pesar del acoso psicológico, la vigilancia de mi casa, la intervención de mi teléfono, he logrado que mi familia sea una especie de unidad sellada.

Justamente sobre la vigilancia de la que tú y Reynaldo son víctimas, escribiste: “Hagámosle (al policía vigilante) despegar el oído de la pared o en su lugar, obliguémosle a garabatear sobre una hoja: “1:30 a.m., los objetivos hacen como que se quieren”. Los objetivos efectivamente se quieren, ¿no?
Exacto, ellos pueden llegar a denigrar mi imagen en Internet, a insultarme, pueden seguirme por toda La Habana, o tener equipos de  GPS  que ubiquen dónde estoy, pero no pueden tocar esas cosas que me hacen feliz, como los corazones de las personas que están cerca de mí. Eso es lo que trato de defender, y al mismo tiempo, la principal protección que yo tengo ahora mismo.


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