Columna de TV: "Soltera Otra Vez: Esta si que es serie"

Por Marcelo Ibañez Campos

¿Cuál es la principal fuerza que mueve al mundo? Los más pragmáticos y descreídos aseguran que es el dinero. Los más espirituales dicen que es el amor. Pero la verdad es que hay un punto focal donde tanto la fuerza invisible del dinero como la del corazón, se estrechan en un indisoluble apretón de manos: el sexo. La verdadera fuerza irrefrenable que alimenta con su inflamable combustible hormonal, al émbolo universal que mueve –y quiebra- las voluntades.

Finalmente todo lo que el dinero puede comprar –fama, status, belleza, lujos, poder- cumple la misma función que las hermosas plumas del pavo real: desplegarse y vibrar majestuosas, para seducir a una pareja. Si no pregúntenle a Madonna y sus toy boys o a Berlusconi y su vida de romano imperial en versión siglo XXI.

¿Y el amor de pareja? ¿Cuál es la única diferencia entre un “touch and go” o los “amigos con ventaja”, con un pololeo o el “hasta que la muerte nos separe”? Pues el compromiso de fidelidad; la promesa de asegurarse el monopolio sexual del otro.

Los autores de “Soltera Otra Vez” lo tienen más que claro. Es esa tensión entre el deseo biológico polígamo y la convención cultural que lo refrena –y no solo el amor- lo que realmente mueve el conflicto de los personajes, evitando que esta muy divertida serie caiga en romanticismos tan dulzones y rosados como un algodón de azúcar. Una tensión que en el guión –y en la realidad- se traduce en el choque de dos perspectivas históricamente asociadas a asuntos de género: la masculina y la femenina. Y tanto la antropología sexual como los biólogos evolutivos parecen estar de acuerdo: la fidelidad, al parecer, fue una exigencia femenina.

Por eso “Soltera Otra Vez” ha dado tanto que hablar, con apasionados disparos desde uno y otro lado de la trinchera cromosómica. Porque el momento que da el punto de partida a la historia, cuando Rodrigo (Cristián Arriagada) destruye una relación de ocho años con Cristina (la protagonista de la serie interpretada por una comiquísima Paz Bascuñán) acostándose con la exquisita profesora de yoga Nicole (Josefina Montané, la relevación televisiva en lo que va del año), desata la vieja e imperecedera guerra de sexos: para las chicas Rodrigo no es más que “un gran necio, un estúpido engreído egoísta y caprichoso, falso enano rencoroso que no tiene corazón”. Y aunque Rodrigo puede ser todo eso para los televidentes masculinos, estos finalmente lo entienden, aunque ninguno sea tan kamikaze de reconocerlo públicamente.

“Soltera Otra Vez” es una serie imperdible porque tiene una amplia gama de personajes que simbolizan todas las posturas frente a las relaciones de pareja que uno encuentra en los menores de 35 años. Estados o experiencias que probablemente todos han vivido. Desde quienes evitan el compromiso y sólo quieren divertirse (los personajes de Pablo Macaya y Loreto Aravena) a los personajes que buscan una relación estable o ya la tienen, y que a veces añoran en secreto esos días de aventuras y libertad.

“Soltera Otra Vez” es la mejor serie que ha debutado este año porque tiene una gran dirección de arte, está repleta de “one liners” –esas frases que uno twittea feliz, demostración del nivel de su equipo de guionistas encabezado por el experimentado Herval Abreu (Machos, Adrenalina, Amor a Domicilio, etc…)- y sobre todo, porque en su historia hay cariño puro y genuino por cada uno de sus personajes. Acá no hay buenos ni malos, si no que personajes queribles, de carne y hueso, llenos de contradicciones, repletos de deseos, compromisos, grandezas y errores. Todo desplegado con un ritmo visual estupendo y un elegante equilibrio entre la comedia y el drama. Muestra de ello es el momento en que Cristina pilla a su novio en la cama de ambos, con otra. Una escena que rompió el corazón de los televidentes sin importar su género. Los mismos que rieron un par de minutos después, viendo cómo el grupo de amigas trataba de rescatar a su amiga de la depresión con vedettos y frases como “Un clavo saca otro clavo y varios clavos hacen la felicidad. Ahora si el clavo es grande mejor. ¡Atina po’ Cristi!”.

Para disfrutar “Soltera Otra Vez” da lo mismo si uno es hombre, mujer, creyente de la monogamia o infiel: a todos le han hecho papilla el corazón y todos se lo han roto a alguien alguna vez. Simplemente, una gran serie.

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