Columna Come y Calla por Felipe Espinosa: "Espejismo"

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Siempre he pensado en lo extrañísimo que debe ser montar un camello, el jorobado por excelencia, cuánto deben saber esas bestias a la hora de cruzar el desierto, paisaje agreste que cuando bendice, lo hace con un oa­sis. 

Tengo un amigo que tiene fotos arriba de un camello, recorrer la periferia del Sahara en el camélido y pernoctar ahí debe ser una de las experiencias que sanamente le envidio. Así también mi amigo conocía un oasis en Ñuñoa, fue él quien por primera vez me hizo degustar manjares de oriente en su casa, porque el Rincón Árabe tiene para servir y llevar.

Cada vez que vuelvo es igual, ni peor ni mejor, siempre se mantiene en una buena constante, aquí lo que brilla es el esfuerzo familiar, es aquí cuando uno se da cuenta que sin luces de neón, pero con mucho cariño, se puede entregar una venerable apuesta gastronómica con productos sencillos y ambiente familiar.
Si esta cocina participara en un ránking precio-calidad, de seguro lo gana, tie­ne puntos en contra evidentes de un lugar pequeño a escala humana, pe­ro no vale la pena detenerse en ellos pues al final de la jornada siempre me voy satisfecho. 
 
Para comenzar, la mesa se viste de pan pita y salsas de yogurt y otra pi­cante, adoro los falafel de este lugar, quizás los más ortodoxos no com­par­tan mi opinión, pero aquí son bien verdes, húmedos y sabrosos, me gusta cuando crujen y después la suavidad del garbanzo permanece en la boca, para continuar mi mujer siempre exige kubbe crudo, pequeñas bolas de carne y burgol aderezadas de hierbas y especies que si el co­mensal es demasiado mañoso puede pedirlas fritas.
 
Normalmente pedimos un sur­tido de rellenitos, las papas, zapallitos y berenjenas son adorables, los mazarines, que en particular no me agradan, han sido elogiados por ami­gos adictos a la tripa del cor­dero, también hay kabab y mis preferidas, las hojitas de parra y de re­pollo que siempre están como re­cién cocinadas. Todo esto evidentemente bien acompañado del fres­quísimo tabule, o si se quiere rellenar más el estó­ma­go con arroz o marmaon, pequeñas perlas de pasta en salsa de toma­te.
 
Ojo con las combinaciones a la ho­ra de almuerzo, hay platos ejecutivos, o promociones que mantie­nen todas las sillas ocupadas duran­te el servicio, se nota la mano casera y la frescura de todos los productos, siempre trato de pedir poco para llegar al postre, que te cierran el ojo desde una vitrina en el mesón de des­pacho, aun puestos en budineras recién salidos del horno. Si se hace el esfuerzo, de­gustar el seregli junto a una jarrita de café árabe es el final redondo para salir rodando, no hay patente de alcoholes, así que vaya con mucha sed de refresco a este oasis en medio del desierto.
 
Coordenadas:
Rincón Árabe,
Juan Enrique Concha 55, Ñuñoa.
Teléfono: 2-3415428
 
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