Columna de Copano:"La imposibilidad de mentir"

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Según el biólogo estadounidense Robert Trivers en su nuevo libro titulado “The Folly of fools”, el engaño y también mentirse a sí mismo son herramientas evolutivas. O sea, que de alguna manera, virus y bacterias se disfrazan y engañan a nuestras defensas y eso, conducido a la dimensión humana, entrega una ventaja frente a cualquiera. O sea, se justificaría mentir.

Vivimos en tiempos donde la gente exige una dictadura de la transparencia. Queremos saber dónde, cómo, cuándo y por qué se financian ciertas ideas. Queremos ante todo comprender. Varios no pueden soportar el secretismo de qué paso con Bachelet el 27-F si no sabemos de su boca lo que realmente sucedió. No confiamos en las instituciones grandes porque no nos revelan lo que tienen realmente entre manos. Es una cultura de desconfianza que finalmente se niega ante lo terrible que es darse cuenta que las mentiras a veces sirven.
 
Lo increíble de todo esto, y lo digno de lectura es que finalmente esa realidad de transparencia permanente es un poco fantasiosa y adolescente: todos escondemos algo. Ya sea un trauma o algo que nos hizo vencer sobre otro en una situación determinada.
 
Pienso en esto tras observar delirantes declaraciones en Twitter. Confesiones sin ningún sentido.
 
Pataleo y autoboicot generacional una y otra vez. Referentes que desesperan contestando a gente que sólo busca provocar y quedan como unos ególatras locos. Y lo más increíble: darle peso a bromas. Confundiendo realidad con ficción. Entregando “preocupación” donde no la hay ya que por error se le da bola a locos. Finalmente alimentando la más falsa de las fantasías en redes sociales, que es que una voz es igual a la otra. Esto no es así. La suma da fuerza, pero si un personaje se empecina en mentir una y otra vez, darle atención es validar y validar engaños y se termina por horadar la credibilidad de una comunidad que si discute.
 
A lo que voy es que no hay que perder el control y ante todo darse cuenta de que Twitter como Facebook son sólo herramientas. Y esas herramientas hay que disfrutarlas y no desesperarse o pasar la vida atento a ellas. Y descubrir otra clave que a muchos se les olvida consumiendo Internet: hay que ser honesto, pero no hay que ser sincero.
 
Me explico: ser sincero es decir lo que sientes. Y eso te expone a personas a las que realmente no les importas. Y no les importas porque no viven contigo ni trabajan en tus objetivos. O sea, es como cuando uno critica a Arjona o Justin Bieber: todo bien, te definen, pero no vas a cambiar su billetera por una frase. Acá no vas a cambiar una existencia. Y muchos se afectan porque exponen sentimientos. En cambio ser honesto demanda decir la verdad y contribuir realmente con una comunidad. Expresión. No vicio de autoexpresión que sólo conlleva a exponerte una y otra vez en una eterna pantalla narcisista para mirarte multiplicándote por el universo.
 
La posibilidad de mentir debe ser reemplazada por la de omitir. Omitir a veces, en especial en la red, es sano. No te hace ver como un infantil representante de un reality gigante tratando de buscar la atención, si no te vuelve humano. Que es lo que se necesita en estos tiempos de plástico, carcasas, gadgets y otros aparatos que reemplezan el contacto.
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