Columna de Juan Manuel Astorga: "Días de fútbol, noches de carrete"

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Para muchos, veníamos como avión. Apenas cumpliéndose un tercio del calendario eliminatorio en Sudamérica para el Mundial de Brasil 2014, ya nos estábamos sintiendo clasificados. Pero no sólo eso. Nos habíamos formado la idea de que estábamos haciendo las cosas bien. Ayudó mucho a ese optimismo triunfalista la victoria sobre Bolivia el sábado pasado por 2 goles a 0. Y aún cuando no la tenemos fácil en el partido de mañana ante una Venezuela que cada vez juega mejor, que ya nos eliminó de la pasada Copa América y que muchos también dan por segura clasificada, nos sentíamos seguros. Eso, hasta el miércoles, cuando conocimos de un nuevo acto de indisciplina que opaca el proceso y golpea la moral de una nación tan futbolera como bipolar en su estado de ánimo.

Gary Medel y Eduardo Vargas incumplieron un compromiso de palabra con el técnico de la “Roja”, Claudio Borghi, de que, aún estando en día libre, no saldrían de carrete la noche del martes, cuando se jugó el partido de despedida de Diego Rivarola, un histórico de la Universidad de Chile. El compromiso era disputar 20 minutos del duelo y luego descansar en su hogar, para presentarse al día siguiente en Juan Pinto Durán. Ambos no honraron la palabra empeñada y fueron vistos en una discoteca en Vitacura a las 4 de la madrugada. Y aún cuando llegaron al complejo deportivo a la hora pactada, afrentaron el pacto con su entrenador. La molestia de Borghi fue tal que decidió no incluirlos en el viaje a Venezuela.

En ambos casos, la falta es grave. Gary Medel se recupera de una lesión en la espalda que, como el sentido común indica, no se beneficia precisamente con poco descanso y menos sacudiéndose en las pistas de baile. Eduardo Vargas ha luchado por ingresar a la cancha. Con su comportamiento, lo único que consiguió es ser titular, pero de la prensa. No es cuestión de discutir si estaban o no haciendo uso de un día libre, sino el de haber asumido un compromiso de honor que desecharon apenas cruzaron la puerta de Las Urracas.

¿Se imaginan a un deportista olímpico como Tomás González saliendo de carrete por las noches? Sin duda no estaría donde está. ¿Qué fue lo que le pasaba la cuenta a Marcelo Ríos cada vez que no mostraba un buen desempeño en la cancha? Su exceso de empeño en las pistas de baile la noche anterior.

Aunque Claudio Borghi se incomodó con la situación del martes, trató de matizar su molestia, con bromas como que “muchas chicas nos están dejando sin jugadores”, o que “a este ritmo nos vamos a quedar sin ninguno”. Lo ocurrido es serio y, por lo mismo, no se entiende que el sucesor de Marcelo Bielsa relativice este capítulo. En las últimas tres fechas, ya sumamos siete jugadores que han quedado fuera del proceso por comportamientos que nada tienen que ver con lo que se le exige a un deportista de alto rendimiento. ¿De quién es el problema en realidad? Definitivamente, la falla está en el técnico.

Siendo honestos, el proceso mostrado por la actual dirigencia técnica arroja buenos resultados, pero mucho desorden en la cancha y fútbol más del malo que del bueno. No hay dos opiniones al respecto. Y aunque los números lo acompañan, el problema cuando no hay orden ni esquemas definidos es que puedes pasar de estar arriba a quedar abajo en sólo un par de fechas.

Si a eso sumamos una ausencia total de disciplina, la cosa se le está poniendo fea. Es legítimo y valorable que Borghi quiera confiar en sus dirigidos y les dé libertades que otros técnicos no entregan, pero cuando las libertades son sobrepasadas una y otra vez, la fórmula no da resultados.

El actual mandamás de la selección chilena ha intentado por todos los medios diferenciarse de su antecesor, Marcelo Bielsa, figura sobre la cual aún existen miles de viudos. Una de ellas fue un cambio en su relación con los jugadores.

En las clasificatorias pasadas, cuando a Chile también le correspondió jugar con Bolivia y a los pocos días con Venezuela, el rosarino decidió viajar directamente, sin hacer escala en Juan Pinto Durán y menos arriesgarse a dar un día libre. Borghi implementó su propio sistema y ya sabemos cuál fue el resultado. El problema es que no es un hecho aislado sino más bien un patrón de comportamiento permanente.

Con una nueva dirigencia de la Anfp que todavía no se gana la legitimidad después de un turbio proceso tras la salida de Harold Mayne-Nichols, y con un entrenador que muestra buenas estadísticas pero no un buen nivel de juego y tampoco orden al interior del equipo, las cosas no están para permitirse días libres. Y menos si es sabido que a varios de nuestros jugadores, las noches de fiesta les entusiasman tanto o más que los días de buen fútbol.

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