Crítica de discos: Beach Boys - That"s Why God Made The Radio

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Para el despistado o el desinformado, hablar de Beach Boys es bastante más que inofensivas tonadas sobre el surf y atardeceres en la playa, concepto al que se los suele reducir. A un click de distancia está bien documentada la importancia e influencia de esta banda norteamericana en la música del último medio siglo, de los Beatles hacia abajo.

Dicho esto, hay que partir de la base -la notable, emotiva y feliz base- de que que este álbum recién estrenado es es primero que reúne a los elementos originales y sobrevivientes de los Beach Boys (Brian Wilson, Al Jardine y Mike Love) en 27 años. Y abusando del lugar común, el peso de la historia es enorme e inevitable a la hora de escuchar “That’s Why God Made The Radio” para bien y para mal.

Afortunadamente, las cosas comienzan desde una vereda muy luminosa, con la intro con “Think About The Days” que tiene las voces de todos los Beach Boys sobre un sencillo fondo de piano da paso a la nostálgica “That’s Why God Made The Radio”, canción lanzada en abril y la prueba de que las armonías del grupo siguen con muy buena salud . Este logrado y conmovedor inicio da paso a algo que parece otro disco, y lamentablemente uno tedioso y difícil de tragar. 

En este disco-dentro-del-disco, encontramos muchas, demasiadas canciones repetitivas y poco inspiradas, casi con el tono anecdótico y kitsch de la ochentera “Kokomo” donde hasta se dan el lujo de cantar “Estamos de vuelta, dinero fácil” en el coro de la deficiente “Spring Vacation”. Y los melosos momentos protagónicos de Love en “Daybreak Over The Ocean” y “Beaches in Mind” son francamente detestables. Sin embargo, a partir de la décima canción se recupera la esperanza. La voz de Al Jardine en “From There To Back Again” da inicio a una bellísima suite de 3 canciones que cierra el álbum.

Y con ese dignísimo final, uno respira aliviado. Porque ese adiós de tres canciones está a la altura de los grandes momentos de su carrera. Ni el seguidor más escéptico habría querido que tan noble reunión terminara en fracaso, y en buena parte gracias al genio de Wilson, todo lo que le falta en consistencia a este disco número 29, le sobra en emoción pura.

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