Columna de René Naranjo: "Amores borrascosos"

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Tim Burton está de regreso. Y no sólo en lo formal. En “Sombras tenebrosas”, el cineasta al que admiramos en los años 90 con “Batman vuelve”, “El joven manos de tijeras” y “Ed Wood” reencuentra el humor, la sagacidad y la pasión por el cine perdidas en apuestas comerciales sin brillo como “Charlie y la fábrica de chocolate” y en la fallida ‘Alicia en el País de las Maravillas’.

Ahora, al revisar una de las series más originales de principios de los 70 (“Dark Shadows”) y revivir a su gótico vampiro protagonista con una formidable actuación de Johnny Depp, Burton se vuelve a conectar con lo mejor de su talento y hace de esta oscura comedia con elementos fantásticos el mejor de sus filmes en al menos una década. ¿Dónde está la gracia? En la forma en que la película supera con astucia los clichés de las cintas de vampiros y la ironía pop (el tributo a The Carpenters es muy divertido) que instala en torno a la molesta inmortalidad de Barnabás Collins (Depp, en su octavo trabajo junto al director), condenado a no morir por una vengativa bruja (Eva Green) que lo ama eternamente sin ser correspondida. 

Este sentimiento de pura tradición romántica da una especial potencia al relato, que además es alimentado por Burton con insaciable bulimia cinéfila. De “Nosferatu” a “La noche del cazador”, de ‘La novia de Frankenstein’ a “Cumbres borrascosas”, las “Sombras tenebrosas” de Tim Burton perfilan un rumbo personal y corrosivo (basta ver la demolición de las nociones de familia) del que no están ausentes los lazos entre deseo y animalidad. Para Tim Burton todos tenemos un lado monstruoso, extraño y obsesivo, que perdura en nuestra especie, atraviesa los siglos y se lleva consigo nobles ideales (al respecto hay una genial escena entre Barnabás y un grupo de jóvenes hippies).

Cierto, en medio de tanta mansión decimononica hay ideas que se hacen algo evidentes, más de un exceso y escenas de impacto a punta de efectos especiales, pero Burton sale adelante con su propuesta y estilo, hasta un desenlace que instala con potencia la idea de la trascendencia del amor, gran tema del cineasta.

El amor y sus borrascas están también en el centro de “Mapa para conversar”, largometraje debut de la cineasta chilena Constanza Fernández. Relato de la relación entre dos mujeres muy distintas, Roberta (Andrea Moro) y Javiera (Francisca Bernardi) que salen un día de paseo en velero con la madre de la primera. El viaje ocupa más de la mitad de los 80 minutos que dura el filme, y constituye un huis-clos donde las tres mujeres ven aflorar sentimientos tan guardados como intensos.

La jornada en el mar es un arduo ejercicio de dirección cinematográfica que se impone la joven directora, que busca conjugar emociones y naturaleza en una situación que evoca a Polanski (“Cuchillo al agua”) y René Cle­ment (“A pleno sol”). A Constanza Fernández le falta aún oficio y un toque de malicia para sacar ade­lante el desafío con total éxito; sin embargo, su aproximación hacia la naturaleza femenina es llamativa y posee neta vocación autoral. Así lo prueba el bien logrado momento en que las protagonistas recitan refranes en alta mar.

En el panorama fecundo del actual cine chileno, las historias gay y la mirada de las mujeres empiezan a escribir su historia en la pantalla. Es hora de ponerles la debida atención.

Fichas técnicas

“Sombras tenebrosas (Dark Shadows)”

Dir: Tim Burton

Con: Johnny Depp, Eva Green, Michelle Pfeiffer.

EEUU, 2012

 

“Mapa para conversar”

Dir: Constanza Fernández

Con: Andrea Moro, Francisca Bernardi, Mariana Prat

Chile, 2012

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