Columna de Juan Manuel Astorga: "Uno contra todos"

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En Chile, prácticamente todas las decisiones que toma la autoridad y que tienen repercusión en la ciudadanía pasan por el Congreso Nacional. Y aunque las prioridades legislativas las fija el Presidente de la República, en su gran mayoría necesitan del visto bueno del parlamento. Por lo mismo, no sólo es importante elegir a conciencia al Jefe de Estado, sino que fortalecer al Poder Legislativo para  que refleje políticamente el sentir y pensar de los chilenos. Contar con un Congreso eficiente, bien representado y, sobre todo, legitimado por sus electores parece no sólo necesario, sino imprescindible. 
Nuestros senadores y diputados son elegidos mediante un sistema binominal, que fue diseñado durante el gobierno militar e implementado desde 1990 a la fecha. 
Según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, CEP, que preguntó sobre el tema, el 60% de la población considera necesario reemplazar el actual modelo binominal. Crecientemente han surgido sectores críticos a ese sistema, porque no lo sienten representativo. De hecho, no lo es. Al impedir la dispersión de votos hacia los extremos de nuestro espectro político, obliga a los partidos a conformar coaliciones o pactos, tendiendo a llevar el grueso de los votos hacia el centro político. Esto genera que, dicho en simple, casi siempre se elija a un candidato por cada bloque en distritos y circunscripciones, haciendo muy difícil que otros actores fuera de esos dos bloques accedan al parlamento. ¿Cuáles son los dos bloques siempre favorecidos? Los mismos de siempre: la Alianza y la Concertación. 
El binominal, creado por la dictadura para evitar que, cuando retornara la democracia los partidos que no son de centro (como el comunista), accedieran al parlamento, está inhibiendo la conformación de mayorías parlamentarias, porque propicia el empate permanente entre las dos coaliciones antes mencionadas. Esto hace que disminuya la competencia, se bloquee el ingreso de nuevos actores, se desincentive que la gente concurra a votar y, como si fuera poco, suele dejar sobrerepresentada en el Congreso a la segunda mayoría.
El Presidente Sebastián Piñera había asumido un compromiso de campaña, al prometer como candidato que propiciaría el debate para reformar nuestro sistema político. Hace algunos meses invitó los presidentes de todos los partidos a conversar sobre el tema a La Moneda, para que entregaran sus puntos de vista. Lo mismo hizo con cada uno de los ex presidentes de la República. Incluso en 1993, cuando era senador, votó a favor de derogar el sistema binominal. Sin embargo, hasta ahora no ha impulsado ninguna iniciativa y su vocero, Andrés Chadwick, ya ha dejado claro que no hay interés por avanzar en la materia, porque hay “temas sociales que son más relevantes que asuntos netamente políticos”, según dijo. ¿No es acaso un tema social de primer orden el definir un modelo político que permita que los chilenos estén bien representado a la hora de los debates de las leyes que los afectarán?.
Es claro que el actual Gobierno no quiere trabajarse en una nueva disputa con uno de sus partidos, la UDI, que defiende el binominal. Pero es uno contra todos los demás. En Renovación Nacional, sus socios en la Alianza, les parece que ha llegado el momento de hacerlo e incluso elaboraron una propuesta en conjunto con la DC. Es más, se han reunido con el ex Presidente Lagos para discutir el tema.
El PPD, radicales, el PS y los comunistas hace rato vienen insistiendo con cambiar el binominal. Voluntad política hay, menos de un partido que parece gravitar demasiado en las decisiones del Presidente Piñera. Pero los problemas no se terminan ahí. Si ya ha sido difícil que se dé el paso, luego habrá que definir por cuál sistema se cambia el binominal. A eso, cabe agregar que los que deberán llegar a ese acuerdo y luego votarlo en el Congreso son los mismos que se verán afectados por la decisión que tomen. Es decir, tienen un evidente conflicto de intereses. ¿Cómo hacerlo entonces? Dando el primer paso. No se llega a la meta si nunca se ha partido la carrera.
Chile ha demostrado tener una sociedad diversa, y esa diversidad no está reflejada en el parlamento. No encauzar esas distintas sensibilidades por los canales de representación democrática es simplemente seguir empujando a las calles a quienes vienen pidiendo a gritos ser escuchados. El Presidente Piñera no es sordo frente al tema. Tampoco ciego. Eso es lo más grave. Oye y ve, pero hasta ahora no actúa. Todavía está a tiempo.

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