Columna de TV: "Los Méndez: ¿Te imaginas a DJ Méndez por la calle y mis hijos ahí, en bicicleta?

Por Marcelo Ibañez Campos

Chicureo es algo así como nuestro pequeño Beverly Hills. El barrio preferido por buena parte del star system nacional, que busca refugiarse del caos santiaguino tras sus amurallados condominios y aire limpio. Las nanas, por otra parte, son algo así como una bisagra social. O en tu familia alguien fue nana o tuviste una. Por décadas fueron un resabio puertas adentro del inquilinaje que dio origen al país, y una buena opción laboral para miles de mujeres puertas afuera. Pero las cosas han cambiado. La demanda por “asesoras del hogar” es ahora mayor y muchas de ellas tienen el poder de elegir a sus jefes, aunque, al parecer, no siempre puedan escoger las calles por las cuales se les permite caminar sin uniforme.

Todo eso se materializó en una de las escenas más reveladoras de “Los Méndez”, el docureality que debutó el jueves pasado en TVN con respetables 19,5 puntos de rating (aunque igual quedó en segundo lugar tras “Mi Nombre Es VIP”) y que tiene a DJ Méndez junto a dos de sus seis hijos, como protagonistas. Un grupo familiar que cambia Estocolmo por una enorme casa en Chicureo.

A pesar del tamaño de la casa, DJ Méndez no quiere tener una nana por razones biográficas: su madre alguna vez lo fue.  Se pone el delantal, trata de limpiar, pero ante el desorden hogareño no le queda otra que armar un casting. Señoras que no hicieron más que ariscar la nariz frente a la sorprendida cara de Méndez.

“Los músicos son muy desordenados”, “La verdad, yo aspiro a trabajar con gente de mejor nivel, pensé que usted era empresario” o “No me gustaron ni el colchón ni los muebles, su casa es muy poco elegante” fueron algunas de las joyitas que DJ Méndez debió escuchar. Imprudencias que no se dicen cuando de buscar trabajo se trata, a menos que se tengan muchas opciones para elegir. Frases que develan el clasismo nuestro de cada día, que afecta a todos los niveles socioeconómicos. Porque DJ Méndez la hizo. Si está ahí, en Chicureo, tratando de contratar a una nana, es por mérito propio. Y por eso mismo no es un igual si no que una excepción.

Hasta que llega una simpática dominicana que acepta el trabajo de inmediato, porque para esas labores que los chilenos ya no quieren hacer, ahora están los inmigrantes. Una “cabecita negra” -que la familia bautizó como Beyoncé antes de lanzarla a la piscina- tal como DJ Méndez lo fue en Suecia, como él mismocontó durante una charla motivacional que dictó en un colegio de La Pintana, otra de las buenas escenas que repletaron el programa. Un show entretenido gracias al carisma de Méndez, a su naturalidad frente a las cámaras, lo entretenido de su trabajo como músico –con groupies incluidas- y la cotidianeidad de su vida familiar que no difiere mucho de los problemas de cualquier padre. Porque más allá de que llene conciertos, maneje una Hummer, viva en Chicureo y rete a sus hijos en sueco, Méndez representa al Chile más profundo, infiltrado en un lugar que “no le corresponde”, como le hicieron notar las mismas nanas que lo ningunearon. Y esa es su mejor gracia.

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