Columna de TV: "En su propia trampa: El engaño nuestro de cada día"

Por Marcelo Ibañez Campos

Hace casi una semana que no tengo Internet y la única solución que la compañía me entrega, es mandar un técnico que no se sabe a ciencia cierta, a qué hora llegará. Entre las 15:00 y 19:00 horas dicen. Los horarios en que la mayor parte de la gente se encuentra en sus trabajos, tratando de ganar el dinero suficiente para pagar -entre otras cosas- la cuenta de Internet. “Lo llamaremos una hora antes de la visita”, dijeron. No lo hicieron, como tampoco cumplieron la vez pasada, con la promesa de descontarme de la boleta los días que estuve sin servicio.

¿A qué viene todo esto? A que en ocasiones, la vida cotidiana en este país parece una guerrilla de abusadores que asolan la aldea. Un lugar lleno de pequeñas trampas construidas con letra chica (como que la velocidad de conexión que uno contrata no está completamente asegurada), intersticios legales donde campea la poca vergüenza. Trampitas que uno como conejo trata de esquivar sin mucho éxito. Como si el abuso al cliente, al ciudadano, al consumidor, fuera una característica sistémica. De las Isapres que vuelven a subir el plan -a pesar que en 2011 declararon ganancias por 67 mil millones de pesos-, a las tiendas de grandes cadenas que pagan por sus patentes apenas el 1% de lo que cancela el carrito de sopaipillas, como vimos la semana pasada en las noticias.

Estamos rodeados. Y muchos nos preguntamos quién podrá defendernos ahora. ¿El Sernac? ¿O el Tío Emilio? “En su Propia Trampa” se encarga de eso. Persigue estafas callejeras, ridiculiza a los malhechores y los encara hasta sacarlos de quicio. La fórmula que consiguió un mega éxito en la temporada pasada, y que volvió a bicampeonar esta semana, debutando como el programa más visto del lunes con 26,5 puntos de rating.

Más allá de su idea absolutamente adictiva, “En su Propia Trampa” se aleja de los programas de denuncia clásicos y se entrega sin prejuicios al show. Entiende que la televisión es por sobre todo diversión, y la docurrealidad un género que permite pasearse con desparpajo por el drama, la tensión y la comedia.

Es este último ingrediente, la verdadera nicotina del show. Porque ver al chanta Dr. Dencil tratando de justificarse, explicando que una cosa es “atender la salud y otra cosa atender la enfermedad” y que por eso hay una gran diferencia entre ser médico y doctor –la hay, pero en otro sentido: doctor es quien posee un doctorado-, es comedia pura. Más si lo vemos ser engañado por los ex “Perla”, Cangri y Dash, y un Martín Cárcamo con canas, ultra reconocible gracias a su voz. 

En estrictos términos televisivos, “En su Propia Trampa” es un programazo que asegura diversión y venganza. Su única falencia es moral, y ni siquiera es deuda del show si no del canal que la emite: “En Su Propia Trampa” apunta siempre contra flancos fáciles, estafadores callejeros de poca monta sin ninguna relevancia social. Crítica de la que el periodista y conductor Emilio Sutherland se hizo cargo durante la primera temporada, declarando en una entrevista que “a los pececillos chicos los puedo denunciar en el programa. Para los más gordos estoy en Contacto”. 

“Contacto”, el mismo programa que hace un par de meses fue censurado por la plana mayor de Canal 13, por otro reportaje efectista: uno sobre nanas postulando a sus hijos a colegios que el 95% de Chile nunca podrá pagar. 

Pero así estamos: en un país que cree ver en esperpénticos periodistas, al loable periodismo de investigación tipo Ciper. http://ciperchile.cl/ Que premia con rating al show de “En su Propia Trampa”, antes que la trascendente información que entregan programas como “Por qué en mi jardín” de TVN. Que confunde a Chapulines Colorados con Robin Hoods. El país que ve arder en una cárcel al pelagato que piratea cedés, pero que ve pasearse libres a los creadores de terribles éxitos como “la colusión de las farmacias” o “la repactación unilateral y falseo de balance de La Polar”. El país de los que creen que la trampa, por el simple hecho de ser legal, deja de ser inmoral.

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