Columna de Copano: ¿Es o se hace?

Por

Hay gente ofendida por el cameo póstumo de Felipe Camiroaga en la película de Kramer. La misma que debería estar enojada con el canal de cable TCM por la cantidad de actores fallecidos que salen de sus pantallas o quemar papers científicos. Existen los desesperados por un ovni en el norte, en la madrugada, acusando que no hubo suficiente cobertura a esa hora (hay millones de vampiros que necesitan saciar su sed de información en ese instante) por culpa de la centralización. Para guinda de la torta la histeria por Kidzania que sostiene que el famoso parque de diversiones es un llamado al trabajo infantil. Eso es tan idiota como pensar que si los niños juegan al papá y la mamá hace crecer exponencialmente el embarazo adolescente. Pero de seguro deben existir adultos que se sienten mejor por eso en vez de ir y comprarle un libro a sus hijos para leérselo antes de ir a dormir. Es mejor gritonear y sentir que eres parte del club en vez de tomar acción desde ti. Sí, desde ti. No hay nada más que cambie esta sociedad que lo que uno puede hacer desde su rincón.
Como este país tiene una cultura paternalista, donde todos deciden y juzgan por ti lo que es bueno, donde somos unos hijos de unos tipos que ni les importamos pero evalúan moralmente todo, estamos un poquito en el horno y nos hacen tontos en el debate. La lógica de sobrerreaccionar está destrozando la conversación real. Nos transformamos en unos dementes que creen que están empoderados y en realidad se siguen riendo de nosotros porque finalmente somos incapaces de levantar un proyecto político de verdad en el que estemos de acuerdo. Somos víctimas de un debate lleno de ruido y artificialidad en los que tú y yo no estamos invitados y sólo observamos esquirlas que a veces nos queman.
Te doy un ejemplo: el sueldo mínimo. Hemos visto vergonzosamente reacciones tipo “Laura en América”, como lo sucedido con Carlos Larraín en La Moneda. Acciones que nos derivan de que en Chile hay personas que ganan una cantidad de plata indigna por romperse el traste. Hemos observado pirotecnia pura en un Congreso donde se demoran nada para evaluar el aumento de las asignaciones. Nos muestran los números del crecimiento y después nos hacen pensar que en realidad pedir un poco más quiebra compañías completas y eso no es cierto. No es verdad qué la gente pierda trabajo y si es así, que horrible sería que en realidad confirmen que tan poco les importa la familia chilena. Sería para indignarse completamente con esta sociedad injusta sin ninguna clase de equilibrio. Sería herir a Chile de parte de los que creen que son dueños de él.
Escucho últimamente tanto ruido, tanta atención sobre lo que en realidad es para reírse y no tomarse en serio que me da pena. Me da una tremenda pena esa cultura tarada de sentirse “por arriba” y no ver lo que puede afectar al otro, en vez de lo que te ofende estéticamente. Algo feo no daña a nadie. Un acto de maldad o de no consideración con el otro sí lo hace. Pero estamos empeñados en mirar el envase y no lo que contiene. Chile se ha transformado en el imperio de la forma y no del fondo. Y es en ese fondo en el que todos los días tenemos que entender que no tenemos el mejor país de Latinoamérica, que tenemos un montón de gente excluida de lo que nos gusta simplemente por nacer, crecer y morir lejos de los lugares donde se toman decisiones.
Estamos haciendo una nación monstruo vacía y la verdad, yo por lo menos no tengo ganas de contribuir con eso, ni hacerme el inteligente con códigos que tú no entiendas, ni sentirme mejor porque pude pagar mis estudios. No quiero más paternalismo. Quiero relaciones verticales de verdad y que no sean sólo documentos de estudio sobre redes sociales. El país tiene que empezar a mirarse a los otros y dejar de preguntarse si ¿es o se hace?

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo