Columna de René Naranjo: "Mentes locas y peligrosas"

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Milagro de Hollywood: Las vacaciones de invierno en el cine duran más de tres meses, desde la segunda quincena de mayo hasta fines de agosto.

Cada semana, como coordinadas desde el Pentágono, las grandes producciones familiares copan las salas del mundo e instalan sus vistosas imágenes digitales creadas a punta de refinados estudios de marketing para hacernos sentir que todos compartimos las mismas emociones.

En ese terreno se sitúa ‘Valiente’, cinta animada salida de los estudios Pixar-Disney y protagonizada por Mérida, una adolescente pelirroja de carácter apasionado e indomable. Es primera vez que una película de Pixar tiene una mujer en su rol principal y la idea era que esto se notara: en su primera parte, la película es puro poder femenino. El relato, ambientado en una Escocia pretérita, avanza con la velocidad y precisión que tienen las flechas que dispara Mérida. No falla una.

Los dibujos, el ritmo, la estupenda música, el juego con los mitos de la región, todo funciona. Los problemas vienen de la mitad para adelante, cuando entra en escena una simpática brujilla que provoca que la desafiante pelirroja ya no sea quien lleve la acción y ocurran sucesos tan extraños como faltos de interés.

En la producción de ‘Valiente’ hubo cambios de mano (sacaron a Brenda Chapman de la dirección y pusieron a Mark Andrews) y eso se nota. La historia daba para que se apostara todo por la personalidad arrebatadora de Mérida y su liberación iconoclasta; no obstante, primó el concepto marquetero de hacer una película con discurso familiar y sentimentalismo instantáneo. Esta vez, Pixar quedó en deuda, la cual sólo se salda en parte con el bello corto ‘La luna’, pleno de cine y lirismo estilo italiano, que viene como preliminar.

En la otra orilla, en la del cine de autor que puede interesar a un público más adulto o a menos más inquieto intelectualmente, llega por fin a los cines ‘Un método peligroso’, penúltimo largometraje a la fecha del maestro canadiense David Cronenberg. Realizador preciso como pocos y quien desde hace años ha evolucionado a una magnífica madurez de estilo y una búsqueda cada vez más interior de sus personajes, Cronenberg emprende aquí la aventura nada sencilla de filmar la amistad y posterior rivalidad que mantuvieron Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y su discípulo Carl Gustav Jung (Michael Fassbender) en las dos primeras décadas de siglo XX. Para hacer las cosas algo más complejas, incorpora un personaje femenino, Sabina Spielrein (Keira Knightley), joven de obsesiones masoquistas y fina percepción de los demás.

Es con Sabina, gritando ante su inminente internación en la clínica siquiátrica de Jung, que arranca ‘Un método peligroso’. Ella va a a ser la catalizadora de los demonios del joven siquiatra y de la ruptura que luego

tendrá éste con su maestro Freud. Cronenberg la hace sobreactuar al comienzo para dejar claro de lo que trata el filme: cómo los tormentos del espíritu determinan todo lo que puede devenir un ser humano en su paso por este mundo.

A medida que avanza la película, Sabina se asienta y protagoniza junto a Jung un proceso de exploración emocional apasionante, que culmina en una escena de ‘spanking’ (nalgadas que causan excitación) frente al espejo de alcances metafísicos. El método peligroso al que alude el título pasa precisamente por el camino para descubrir lo que

pasa en las mentes y corazones a partir de la experiencia propia. No hay ningún logro personal ni hallazgo valioso en la vida que no cueste, mínimo, una herida en plena cara o un desvanecimento en el momento menos apropiado.

Si la dirección de Cronenberg es sensacional y prodigiosa en su síntesis, el guión de Christopher Hampton no lo es menos. Las diferencias entre las diferentes visiones de sicoanálisis están presentadas en diálogos certeros, concisos y agudos, siempre interesantes. La música del talentoso Howard Shore, fiel colaborador de cineasta, es notable, con alusiones muy directas a la ópera ‘El oro de Rhin’, de Wagner (un nombre que circula en varios momentos en el filme). Y las actuaciones son de alto nivel, partiendo por el Freud impecable que compone Viggo Mortensen y el Jung discreto y agitado intelectualmente que crea Fassbender. Las escenas entre ambos, con sus observaciones sobre los abismos de la condición humana, están de lejos entre lo más valorable de esta temporada. 

‘Un método peligroso’ es lo que se llama un imperdible.

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