Columna de TV: Un paseo por el cable: El viaje lisérgico de Cartoon Network

Por Marcelo Ibañez Campos

Hay días, demasiados a mi gusto, en que me pregunto para qué tengo televisión por cable. Y por qué diablos vivo en un triángulo de las bermudas donde aún no está disponible la cajita del VOD. Es que uno será un entusiasta televidente, pero eso de estar adaptando sus horarios para sentarse en el sofá y agarrar el control remoto cuando la programación lo dicta, no va mucho con la vida moderna. Entonces termino bajando las series por Internet y usando el cable para el zapping, solo cuando no hay nada nuevo que ver en la tele chilena.

Y esta semana, a parte de seguir sagradamente “Soltera otra vez” y “Los Méndez”, hubo harto espacio para el zapping del cable. Y aunque el sentimiento general podría resumirse en “demasiados canales para tan poco contenido”, igual me quedé pegado en algunos de esos pequeños programas que no tienen mucho nombre pero que resultan absolutamente adictivos. Desde “Ace of Cakes”, la pastelería pop llevada a niveles de arte warholiano, a el ya clásico y graciosísimo “Mil formas  de morir”, pasando por “Demasiado Tarde”, un noticiero en la era digital que está a varios megabytes de distancia de la forma “objetiva” de informar de la tele chilena. Esa donde la opinión da alergia –a menos que tengas la tibieza de “Tolerancia Cero”- y que no es otra cosa que un gatopardismo para no decir las cosas tal como son: indignantes, la mayoría de ellas.

Pero lo que se llevó todo los premios fue “26 personas para salvar al mundo”, una joya conducida por el periodista argentino Jorge Lanata que transmite el Canal Infinito. Uno de esos programas que muestran el abismo que existe entre un gran programa cultural, donde de verdad se piensan y relatan grandes preguntas –como abordar en un capítulo “¿Qué es el tiempo?”-, y lo poco y nada que hace la tele nacional en ese ítem. Compararlos a ambos, es como poner frente a frente una tesis de Cambridge con un trabajo de instituto técnico. Y en ese sentido, el Chile que los ejecutivos quieren que veamos parece estar más cerca de Aplaplac que de otra cosa. Un país aún pegado en las materias primas, que parece incapaz de pensar más allá. ¿O será que no quieren que lo hagamos?

Otro gran redescubrimiento personal fue la nueva generación de dibujos animados de Cartoon Network: el increíblemente onírico “Hora de aventuras”, el bizarro “Un show más”, el adorable “Flapjack” y la locura visual de “El sorprendente mundo de Gumball” son programas que los adultos pueden disfrutar a concho, preguntándose qué saldrá de la cabeza de los niños que están creciendo con dichos monos. Y sobre todo, dejando en claro que la innovación de “Bob Esponja” marcó un antes y después en el género: todos ellos son algo así como tiernos “stoner cartoons” de brillantes colores HD –o volados, en buen chileno- donde la imaginación parece ser un ilimitado pasaje al viaje lisérgico.

Todo este zapping por la televisión paga fue una buena tregua a la espera de que hoy se estrene “Amazonas”, el reality de Chilevisión que promete, y la llegada de “Medium” en TVN. Un programa que se adentra en el más allá, y que si bien dudo que le llegue a los talones a la diversión que nos regaló “Psíquicos” (¿Cuándo la segunda temporada?) tiene un plus que me hace tenerle fe: su creador es Sebastián Lía, el mismo creador de “Ciento”, un programazo de Chilevisión, que en 2002 adelantó numerosos cambios culturales. En “Ciento” el relato lo armaba la gente –como lo hacen ahora con las redes sociales- a quienes se les pasaban cámaras para que retrataran en primera persona algún tema.

Otro estupendo programa que TVN terminó por matar, al emitir su segunda temporada en horarios imposibles. Es que cuando la gente que no tiene nada que perder – a diferencia de todos los “rostros”- habla, pasan cosas interesantes pero peligrosas para los dueños de las pantallas. Por eso a veces es mejor refugiarse en la fantasía de los monitos coloridos y delirantes de Cartoon Network: finalmente, siempre son más honestos.
 

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