Columna de Juan Manuel Astorga: "La musculatura que no tenemos"

Columna de Juan Manuel Astorga:
Por
Juan Manuel Astorga

Conductor y editor de radio duna. Todos los viernes en Publimetro

Lo dijo hace algunos días la esgrimista chilena Cáterin Bravo: “El costo es muy alto para mí a esta altura de mi vida. Tengo un bebé de dos años y otro de siete y ellos me necesitan. Efectivamente, el incentivo en mi país no es suficiente como para costear lo que tuve que costear para estar aquí. Así no sigo compitiendo. Mi ‘nana’ gana más que yo”. Sus palabras son decidoras sobre la realidad que siguen enfrentando nuestros deportistas de alto rendimiento. Son los mismos que a punta de esfuerzo personal lograron llegar a Londres, aunque muchos de ellos se vuelvan con maletas ausentes de medallas y, en cambio, cargadas de frustraciones. Bravo sólo recibe 300 mil pesos de apoyo y para poder vivir debe sacrificar horas de entrenamiento para hacer clases de esgrima en la Fuerza Aérea.
De hecho, para poder viajar a Londres tuvo que pagarle a alguien para que la reemplazara en la escuela de aviación.
Su sentimiento de desilusión no es exclusivo de la esgrimista. El remero Oscar Vásquez, otro de nuestros créditos que participa en los Juegos, pudo llegar hasta Londres a pesar de no recibir a tiempo los recursos de la federación para entrenar. Según ha dicho, al final el dinero se lo donó el empresario Leonardo Farkas. Lo más increíble es que el presupuesto estaba aprobado, pero no llegó a su bolsillo cuando correspondía. No es el único error de la federación que lo representa. Ya antes cometió una negligencia inexcusable cuando no le envió los botes a los Panamericanos en Guadalajara. Considerando que el remo es uno de los pocos deportes nacionales que pueden exhibir títulos a nivel mundial, la desidia o falta de profesionalismo no se pueden perdonar fácilmente.
El remero Cristián Yantani comentó, a propósito de lo mismo, que tuvo que retirarse de la competencia por falta de apoyo. A pesar de los esfuerzos del Instituto Nacional del Deporte por desarrollar esta disciplina, cuestión que considera entre sus planes prioritarios, la cosa no ha sido fácil. El IND ideó en 2009 un Centro de Alto Rendimiento para este deporte en Valdivia. Sin embargo, el proyecto tuvo más trabas que facilidades para poder ver la luz. Iba a ser dirigido por una corporación integrada por los equipos locales, pero nadie quería hacerse cargo. Así de triste.
La tenismesista Berta Rodríguez, también se retira. Además del mínimo apoyo que recibe, Homecenter la ayudaba por ser trabajadora/deportista. Esto significó para ella generar recursos pero, al mismo tiempo, no poder dedicarle el 100 por ciento a practicar el tenis de mesa, como ocurre con las chinas o coreanas.
La balista Natalia Ducó reclamó por la rebaja de sueldo a su entrenadora y porque no le aprobaron todo su calendario. Aunque el subsecretario de deportes, Gabriel Ruiz Tagle, aclaró su situación señalando que la deportista gana menos sólo porque le aprobaron menos proyectos, los problemas para la chilena no estuvieron dados únicamente por la baja en sus ingresos. La ropa deportiva que le entregaron era de una calidad impresentable y de tallas que no correspondían. Patético pero real.
El de Tomás González es probablemente el caso más conocido por los chilenos. Luchó por años para conseguir financiamiento y, cuando finalmente lo tuvo -primero gracias al propio Farkas y luego por motivación de la empresa privada que salió a auspiciarlo- la federación de gimnasia “olvidó” inscribirlo en las competencias. Es decir, Tomás llegó hasta donde está a pesar y no gracias a la asociación que debe representarlo.
Las historias son individuales pero la sumatoria permite conclusiones comunes.
Sería injusto negar que no ha habido un cambio en el nivel de las instituciones a cargo de los deportes olímpicos. La mejoría se nota cualitativamente desde la crisis de Chiledeportes y ni hablar de la antigua y corrupta Digeder. De los 33 millones de dólares que el Estado invierte anualmente en el deporte competitivo, entre 10 y 12 son destinados a los deportistas de alto rendimiento.
¿Es suficiente con eso? ¿Qué le falta al sistema deportivo actual? ¿Qué se necesita para formar un deportista de elite? Primero, más recursos. Con un Estado cuyos ingresos son acotados y donde hay tantas otras áreas prioritarias, destinar dinero a un puñado de deportistas de elite puede sonar a despropósito. Sin embargo, no es menos cierto también que el incentivo a nuestros créditos deportivos siempre reditúa. Es un aliciente que permea a otros sectores para que desarrollen actividad física, con todas las virtudes que el deporte produce en la sociedad. Se gasta por un lado, pero se recupera por el otro porque mientras más profesionalizados estemos, más posibilidades hay de ser elegidos para organizar justas deportivas y eso siempre viene acompañado de recursos.
Se han integrado los dineros del plan ADO con los que dispone el Instituto Nacional del Deporte para el alto rendimiento. Se creó un fondo común que ha generado un volumen de recursos impensado si lo comparamos con una década atrás. Sin embargo, siguen siendo escasos y con alcances limitados. Nos falta infraestructura y mucha más voluntad de la que hasta ahora hemos puesto sobre la mesa.
El rol no es únicamente del Estado, aunque se agradecería siempre un mayor protagonismo para generar más políticas que posibiliten una estructura de financiamiento todavía más expedita, favoreciendo la formación de deportistas integrales. Dinero para el deporte hay en el mundo privado y no poco. Basta ver la cantidad de maratones que las empresas organizan cada año.
En un campo donde el profesionalismo hace la diferencia a la hora de las medallas, dedicarse exclusivamente a la disciplina es lo único que rinde. Es un trabajo como cualquier otro. Pero, ¿se puede vivir de esto? Hasta ahora está claro que no.
Cada paso cuenta. El músculo crece no sólo con ejercicio constante, sino que con las proteínas necesarias. El entrenamiento lo ponen los deportistas. Que el alimento lo pongamos nosotros. Las ganas están. Lo que nos falta es musculatura.

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