Columna de Copano: "Pensar el camino largo"

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Cuando te dicen que es más fácil agradar, cuando parece ser que a todos los resulta más que a uno, cuando las herramientas no vienen de regalo, la opción es el camino largo. 

El camino largo no es el más placentero.

Siempre la gente va y te dice “pero por qué irse por ahí. Para qué complicarse”

Y es que todo es más acogedor si haces lo que ellos quieren.

Lo que las mayorías quieren.

Las mayorías funcionan así: todos hacen lo que al otro le gusta, para no disgustar al otro.

Disgustar es ser tan único que a veces te dejan solo.

Por eso el camino largo es súper complicado.

Pero algo tiene. 

Tiene independencia, tiene libertad.

Uno a veces no se da cuenta.

Uno puede llamar a los que valen la pena. O los que a uno le agradan.

El camino corto tiene armado el listado de gente, que son los que prefieren esa vía.

La dignidad es de camino largo.

La dignidad es evitar transar con los que sólo desean establecer las vías más rapidas.

Vías rápidas para ganar dinero, para aprovecharse de la ignorancia de los otros.

Vías rápidas para hacer olvidar lo que realmente importa que es la vida humana.

Uno toma el camino largo, porque la vida debería ser larga.

Y si la vida es corta y se acaba acá, bueno, por lo menos se hizo con la satisfacción, con el amor, con el cariño que demanda cada centímetro de armar la ruta.

En el camino largo uno arma las carreteras.

A veces hace frío. A veces son territorios indómitos.

A veces no sabemos dónde se nos va a acabar el cemento.

Muchas veces nos ponen otras rutas que parecen largas, pero son pequeñas para competir con las nuestras, que tienen lo mismo, pero son superficialmente mejores. No tienen la calidad de nuestro camino largo.

El camino largo tiene que ver con que finalmente al final de la ruta está el sol, el mar, la playa y no se puede armar más. 

Pero el ser humano siempre puede crear puentes. Puentes más grandes que le ganen a los que se queden ahí. Eso es innovar.

Innovar, es el camino largo. Hacer lo mismo que hacen los mismos, el corto.

Amar y proyectar es el camino corto. Un paseo de cartón es el corto. 

Las promesas son cortas. Las realidades, como sean, largas.

Uno está obligado a crear. A expandir. Uno está condenado al camino largo. Y a veces da miedo, a veces da rabia, a veces da pena.

Pero muchas personas pasarán por ahí cuando uno no esté. Y eso es eterno. No es para uno no más.

 
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