Columna Come y calla, por Felipe Espinosa: Olimpo limeño

Por
Felipe Espinosa

Chef ejecutivo “House casa del vino”  / Twitter: @Psyfat

Los estudiantes vuelven al ataque, los diputados hacen gala de su mala educación en Twitter, la onda polar cae sobre la depresión intermedia y la venta anticipada de Lollapalooza se transforma en un desastre… lo mismo de siempre…

Pero, en otras noticias, han llegado los dioses a la capital. Se juntaron en Bellavista, se tomaron una esquina y se pusieron a cocinar. Al parecer  no se trataría ni de Zeus ni del Dios bíblico, tampoco de Thor ni de Poseidón, la divinidad se llama Alexander y llego con el sabor peruano a una cuadra que hace años clamaba por una casa embajadora del país vecino.

Cuando traes en tu espalda el peso y la gracia de haber conducido la cocina de una de las cebicherías mas elegantes de Chile, con gran éxito por cierto, seguramente la presión de generar un emprendimiento se mal entiende en expectativas pero garantiza una oportunidad.

La nueva “Esquina de Dioses” es una casita de época remodelada con modernidad. Ahí se mezcla cocina criolla del Perú con música electrónica, una carta minimalista se acompaña con linda vajilla, el lugar es pequeño y acogedor, en tanto la cocina es rápida, cumplidora con su oferta y abundante en las raciones.

Para la próxima probaré el pisco sour, pero en esta ocasión nos ahogamos en pisco punch, abanderado de la coctelera peruana, que según cuenta la historia, fue inventado en San Francisco a principios del 1830. Es el resultado de agitar pisco, piña, jugo de limón y alguna forma de azúcar para entregar un profundo vaso de frutoso y engañador brebaje.

No te mata, pero tampoco te hace más fuerte, más bien marea, dependiendo del comensal por supuesto.

La carta es acotada, pero bien completa. Tiene uno de cada uno de los tesoros incaicos más conocidos en estas latitudes. De entradas, los anticuchos de corazón. Están demasiado bien hechos. Hay causa para mañosos, de pollo, y el cebiche mixto está bien rico, para continuar con dos clásicos, ají de gallina que me dio la impresión que se ejecutó con “algo” superior, quizás algo divino, su color y textura se alejaban mucho del amarillo eléctrico emanado del abuso de curry. Esta casa cocina con cuchara de palo, a  fuego lento en reducciones y quiero creer que usan los mejores ingredientes y no sucedáneos.

Por la otra vereda llegó un lomo salteado, a fuego fuerte sin duda, cubos de blando lomo sellados al calor del wok, cuidando su jugo por dentro, salteados con verduras y papas, el aliño es expresivo en lo justo, con su pocotón de arroz blanco infaltable.

Del postre ni hablar, un suspiro de aquellos, de esos que al cerrar los ojos te llevan como caminando por el puerto del Callao. Así salí de ahí, empachado de alegría y con energía para aplanar el barrio en una tarde de quieta calma, no hay que dejar pasar este estreno, no olvide reservar porque está permanentemente lleno y deje hacerse un cariñito por la mano de Dios, que no es argentina, sin duda es peruana.
 

Coordenadas
Esquina de dioses.
Constitución 143, Providencia
Teléfono. 2-2472010