Columna de Copano: "Que la tele abierta no se cierre"

Columna de Copano:
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La televisión está viviendo un cambio histórico. Por primera vez la siempre llamada “caja idiota” pasa a ser, imitando lo que pasó con los celulares y las aplicaciones, un equipo inteligente.

Los contenidos de la tele también se han vuelto líquidos. Pasan a cualquier envase. Cada vez hay más pantallas donde recibir lo que antes era exclusivo del living: el celular, el notebook y las tablets.
 
Esto desata una batalla por la atención de las audiencias. Y la televisión digital terrestre genera más competencia aún, lo cual es sumamente positivo. En Chile la televisión llega a muchas más personas que los libros, así que bienvenidos sean los nuevos actores, los espacios para las productoras, más debate.
 
Hay en todo caso una mirada que me llama la atención y tiene que ver con las definiciones sobre la televisión por cable y la de libre recepción, que están en pugna por lo que llaman “retransmisión consentida” que es imponer condiciones a los proveedores de cable para llevar la señal de los canales abiertos. Este debate, como muchos en el Congreso, ha sido a espaldas del público y podría decantar en la potencial separación del cable del sistema de aire, cuestión que va a afectar a una generación de televidentes más adulta. Los jóvenes ya están adaptados a presionar audio/video y ver su consola de videojuegos. Lo harán con su caja de TDT o por último valorarán lo que pagan usándolo. Mucha gente tendrá que adoptar la antena de conejo, como en los 80, otra vez para ver los eventos que son de la televisión abierta, en caso de que su televisor sea viejo. En caso de que sea de última generación, todo es más fácil ya que tienen sistemas operativos que permiten identificar las recepciones con dibujos y conexiones propias.
 
El argumento de las televisoras es que el cable renta de la emisión de abierto con el pago de los suscriptores. Pero eso ignora hechos importantes, que son decisivos para la industria de contenidos (soy productor y me gustan las tecnologías, por tanto creo que estos datos se deben tener en cuenta) y hay que sumar en el debate.
 
El primero es por qué se paga el cable. En general, la gente paga para tener señales temáticas que sean un “upgrade” en sus contenidos. Yo por ejemplo pago por “Mad Men”, programas HD extranjeros, los canales de noticias y mis padres pagan por los infantiles y los de series. Mis amigos lo hacen por los videoclips. O sea, finalmente encuentran más acceso a sus intereses. Y con esos intereses generalmente escapan de los programas masivos y le dan más variedad a su menú personal. Es un servicio distinto pero complementario.
 
El segundo es poner en peligro el servicio de distribución que el cable proporciona en un win-win mutuo a la televisión abierta. Hay lugares donde la urbanización provoca que las señales no lleguen y los cables ponen los canales abiertos entre los más populares: los de dibujos animados y los de series. O sea, para la lógica de los contenidos líquidos, que pueden ser captados desde Youtube o en un streaming, es una vitrina. Tanto es así que en Alemania los canales abiertos pagan porque el cable los lleve. Arriesgarse a perderla puede ser achicar aun más las posibilidades. Es empujar que la audiencia opte entre algo que paga y que no paga. La distribución en tiempos donde cualquier persona desde Youtube puede hacer un programa observado por miles de seres humanos es sumamente importante. Lo más preciado que tiene un canal de TV es, sin duda, su accesibilidad. En especial con la expansión de las actividades sociales, tecnológicas y culturales que vive nuestra nación hoy.
 
Nuestros consumidores son cada vez más complejos. Suben sus programas favoritos sin autorización a las plataformas de video online, superando nuestro debate sobre los derechos de autor todos los días. Finalmente la gente se encontrará con nuestros programas, si son interesantes, donde tenga que ser. Pero para ello deben existir puntos de acceso. No vaya a ser que esto decante en pan para hoy y hambre para mañana para la televisión de aire. 
 
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