Columna de René Naranjo: "“REC 3” y “El Dictador”: Extremos del cine en 80 min."

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  Dos de los estrenos de esta semana, “REC 3” y “El dictador” comparten un detalle que no es habitual: cada una tiene una duración que no supera los 83 minutos. Este breve metraje es inusual en el cine de estos días (en Hollywood no hay cinta de gran espectáculo que baje de las dos horas) y es una prueba de fuego para los realizadores, en tanto la narración debe ser muy compacta y precisa, y cada detalle ha de estar ubicado en el lugar justo.  

En poco tiempo de narración, no hay espacio para errores ni redundancias. Menos si la idea es hacer reír o asustar al público. Y aquí tenemos, como pocas veces también, los dos extremos del cine. En “El dictador”, nueva apuesta del comediante británico Sacha Baron Cohen, nada funciona y la película parece durar tres horas; en la tercera entrega de la trilogía española de terror, el manejo del tiempo es formidable y el filme logra provocar incluso sensaciones más complejas que el puro susto.

Según se cuenta, hay gente que se ha reído alguna vez con Sacha Baron Cohen. Su película “Borat” (2006) tuvo éxito en Estados Unidos y su propuesta como docurreality de un periodista de Kazajstán que retrata con ironía la vida en Norteamérica le valió hasta alguna críticas prometedoras. Esta vez, con “El dictador”, el actor y guionista quiere repetir el recurso del pez fuera del agua con su personaje Aladeen, un oscuro tirano del africano país de Wadiya, que llega a Nueva York para hablar en las Naciones Unidas y defender su belicosa dictadura. 

Se supone que uno debe reírse con este tipo machista, genocida e ignorante, que dice todas las frases racistas y políticamente incorrectas que se puedan imaginar. Se supone que uno tiene que ariscar la nariz por su constante provocación. Pero no pasa nada. Cero. Es tan pobre el ritmo del relato, están tan mal contados los chistes, es tan sin gracia la forma en que se filma cada escena, que el espectador más complaciente puede sonreírse, quizás, en un par de momentos. En medio del tedio, uno se acuerda de “Stefan v/s Kramer” y sus caracterizaciones, y la película chilena gana por goleada a este bodrio.

En el extremo opuesto está “REC 3 – Génesis”, nuevo capítulo de la saga de zombis iniciada en 2007 por los talentosos directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, y que se distingue por una cámara en mano que nunca deja de grabar, sus espacios cerrados y por el terror con alcances fantásticos y religiosos.

Esta vez, la acción se centra en el lujoso matrimonio de Clara (Leticia Dolera) y Koldo (Diego Martín), cuya alegre y concurrida fiesta ocupa un cuarto de los 80 minutos de todo el filme. Aquí, como en las dos entregas previas, hay cine, oficio y un concepto muy lúcido sobre el uso de la cámara y los límites de la ficción. Hay toques de parodia muy bien puestos e incluso citas a “El resplandor” (la actriz protagónica recuerda en su físico a la inolvidable Shelley Duvall) pero nada de eso desvía el relato de su rumbo, que conecta este nuevo ataque de los zombis a una invasión de ángeles caídos salidos del génesis de los tiempos. 

En “REC 3”, el sentido de economía de la narración es notable y cada elemento que entra a la pantalla (desde una espada para partir la torta nupcial a un pequeño desa-tornillador) juega un rol en la trama. Los espejos aportan su ambigüedad en el instante exacto y cada escena está bien trabajada, como ese intenso momento bajo la lluvia con Clara y su madre y ese otro, en que una voz emitida por micrófono causa un clima de cementerio viviente, plenamente fantástico. 

La estética de la cinta es cuidada y muy lograda, y deriva del colorinche vestuario de los invitados a la boda a un casi blanco y negro fantasmal, pero, sobre todo, el argumento está cargado de un profundo espíritu romántico, que hace que esta tercera parte sea más que nada una formidable historia de amor, sacrificio incorporado.

Está bien claro: en España saben hacer cine comercial inteligente.