Columna Come y calla, por Felipe Espinosa: Ni tan chino

Por
Opinión
Felipe Espinosa

Chef ejecutivo “House casa del vino” /  Twitter: @Psyfat

El alza demográfica de mi barrio es notable. Literalmente, donde había casas hoy eclosionan torres de departamentos una al lado de la otra sin tener mucho cuidado con el linde. Donde había plazas, ahora son despampanantes centros comerciales que decoran los espacios. Algo de modernidad, de esperanza y de búsqueda de un lugar mejor llevan a que cada día un departamento sea la solución habitacional ideal de la familia promedio actual. Esta tragedia también se hace presente en los pequeños locatarios de barrio que son sobrepasados por las tiendas del retail y por mini mercados de cadena. La explosión de seres humanos por metro cuadrado, a ojos de algunos, es una mina de oro. Cuánto soltero que no cocina, profesionales jóvenes con poco tiempo y familias desmembradas por el crecimiento de los hijos, son el “target“ especifico de quienes venden comida para llevar, o a domicilio, si se prefiere. El mercado está abarrotado de sushis, pizzas y sánguches, opción cuasi perfecta para quienes prefieren tener una cena servida en un abrir y cerrar de ojos. Por lejos esta oferta en los repartos está dominada por las cocinas chinas, que hoy en su hegemonía y regularidad me tienen realmente aburrido. El abuso del almidón y la decadencia en la sazón, creo atribuible al paso de las generaciones, me tienen permanentemente en búsqueda de algún exponente que tenga un diferenciador; al menos, que destaque por alejarse de la normalidad.

Celebrando el primogénito de un amigazo, Juanín, y mientras disfrutábamos del aperitivo, sonó el timbre. Habíamos quedado en ordenar chino, pero lo que pidió nuestro anfitrión y que se avecinaba atrás de la puerta era mucho más que eso. Se destaparon las bandejas y comenzó el festín oriental con especialidad en comida china-thai-vietnamita. Después de esa cena, me convertí en adicto. Ya he probado los distintos aperitivos de la carta, arrollados, gyosas, nems y wonton. Destacan los satay de pollo acompañados con crema de maní y por sobre ellos los sticky ribs, pequeños bocados de costillar de cerdo asados y rebozados en salsa agridulce, se desprenden del hueso y se han convertido en el plato favorito de mi mujer. Hay mongoliana, chow mein, chop suey, y un cerdo sweet and sour, imperdible; tienen sopas, ensaladas y arroz de tres tipos, de jasmine, chaw fan y el denominado “Papa’s Rice”, un salteado de todo un poco y bien aliñado.

Es todo bien rico, usan mucho el camarón, el curry, la salsa de ostra y una variada gama de composiciones agridulces, el reparto es expedito, aunque la carta es pequeña. Aún me falta probar el pad thai. Lo bueno es que tienen una variada oferta sin aburrir con infinitas opciones en pollo, cerdo o vacuno. Aquí uno va más lejos que al chino de la esquina, las porciones son justas pero rebalsan sabores, este es un dato rosa que probablemente se convierta en un referente de la cocina asiática. No deje de experimentarlo, en la comodidad de su hogar.

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Papa´s Wok
Los Militares 6531. Las Condes
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