Columna de René Naranjo: "Doblete de Ewan McGregor: desde los salmones hasta la trampa mortal"

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Los estrenos post-18 esta vez tienen nombre propio: Ewan McGregor. El rubio actor británico que bien puede decir que ha hecho todo en el cine, llega esta semana con dos películas (“Un amor imposible” y “Agentes secretos”) en las que toca cuerdas muy distintas; la comedia romántica y de buena conciencia, y la cinta de acción efectiva y concisa. En ambas, McGregor aporta nuevos jalones a su gran personaje cinematográfico, que es un tipo no muy expresivo, a veces algo distraído y otras más enigmático, a menudo solitario y casi siempre metido en intrigas de alto vuelo.
En “Un amor imposible” (título tras el cual se esconde “Salmon Fishing in Yemen”, 2011) McGregor es el doctor Jones, introvertido especialista en fauna marina que recibe un inesperado encargo: instalar una reserva de salmones en pleno desierto del Yemen. 
Tras esta idea está una mujer decidida y elegante, Harriet (Emily Blunt), y más oculto, el interés político de la ambiciosa Patricia Maxwell (una genial Kristin Scott-Thomas), encargada de prensa del primer ministro. 
En tono de fábula moral y comedia de amor de buenas intenciones, “Un amor imposible” hace del desarrollo de este descabellado proyecto un -algo predecible- viaje físico y emocional para sus protagonistas, que van a ver cómo sus mundos personales se derrumban y las nuevas circunstancias los obligan a apostar por opciones relativamente impensadas. Ewan McGregor es el motor de la película y quien la sostiene en los pasajes en que el atractivo dramático tambalea. Su dificultad para expresar los sentimientos, interpretada con simpatía y un humor muy británico recuerda una vez más a su actor y modelo Alec Guiness, que es lo más enganchador de este filme del director Lasse Halstrom (“Hachiko” y “Querido John”) que, en todo caso, puede disfrutarse más allá de su cuota de ingenuidad.
Mucho menos inocente y bastante más energética es “Agentes secretos” (“Haywire”, 2011), la nueva realización del consagrado Steven Soderbergh (“Traffic”). Aquí McGregor forma, junto a Michael Douglas y Antonio Banderas, un trío con poder que con sus manejos siniestros ha puesto en una encrucijada a la guapa y eximia agente Mallory Kane (Gina Carano). 
Tras el rescate de un periodista chino en Barcelona, Mallory se ve atrapada en una gran conspiración para eliminarla y durante los intensos 85 minutos que dura la cinta, literalmente corre por su vida. “Agentes secretos” es algo así como una versión femenina de “La identidad Bourne” y el diestro Soderbergh la asume como tal: una persecución laberíntica y mortal, que atraviesa varios países y que está marcado por la traición. 
Steven Soderbergh es uno de los grandes cineastas contemporáneos y posee un sentido sensacional del relato, del ritmo, del montaje, de la ubicación de la cámara y del uso de sonido. Sabe también filmar los lugares y las ciudades como nadie, darles textura y potencia estética al punto de que uno casi puede sentirse allí, ya se trate de Dublín, Mallorca o el hangar de un aeropuerto. 
Aquí el director demuestra además gran eficacia para filmar las peleas cuerpo a cuerpo, a las que Mallory debe hacer frente en forma constante (una de ellas, con el mismísimo Michael Fassbender) y para otorgarle máxima tensión a esta historia de “falsa culpable” con inspiración hitchcockiana. Y, claro, en la línea de enemigos a vencer por Mallory está el manipulador Kenneth que encarna McGregor. No la tiene fácil el protagonista de “El escritor oculto”, pese a que en “Agentes secretos” comprobamos que ha mejorado mucho sus técnicas de defensa personal. Pero bajo el acecho implacable de Mallory, una simple caminata por la playa puede ser una trampa letal. Son los riesgos de querer disponer de los destinos de los demás sin considerar que, en toda empresa humana, algo puede salir mal.

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