Columna de Copano: "Johnny Errores. Johnny Horrores"

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Voy a ser duro. Y la verdad poco importa si uno de estos párrafos hace que usted reflexione y hasta discrepe de lo que pongo. Ya con que mueva la neurona me doy por pagado. Escribo molesto y espero que me entienda.

Denis Diderot, filósofo francés, planteó en la ilustración que “del fanatismo a la barbarie sólo media un paso”. 

Las redes sociales y la sección de comentarios online en los artículos de diarios son una especie de aparato lector de mentes, ya que muchos usuarios escriben sin mucho proceso lo que creen. 

Seamos honestos: la mayoría de los lectores trata de dejar ahí algo, sin ganas de debatir necesariamente. Si hubiese debate no terminaría toda discusión con un insulto a la madre del otro o con letras mayúsculas como si fuese un tema vida o muerte.

En estas redes, mientras más populares se hacen, se devela algo que deberíamos buscar solucionar de urgencia en este país: la simpleza, mal interpretada como valor, que llega a niveles de estupidez peligrosa. En el cerebro de cientos de chilenos se configura la separación entre dos países: uno que entiende lo que lee (minoría) y el que no. O el país donde es malo ser libre, pero es muy bueno hacerse mierda y pegarle a los hijos borracho mientras exista una iglesia cerca para arrepentirse, por darte un ejemplo. Mundo consumo: compro dignidad, compro alegría, compro ser absuelto. Decadencia absoluta.

O sea, tenemos, aunque nos duela a los progres, una gran facción del país bastante primitiva, cuya única forma de solucionar los problemas es a través de la violencia. Eso ha generado hijos de la simpleza, y del ghetto, que van y matan a un policía por diversión. La segregación está llegando a un punto límite y se va a volver contra todos. Y eso tiene consecuencias culturales nefastas. Obviamente esto podría ser reparado si viesemos a la educación como un motor de cambio. Pero a pocos le importa. Por eso vamos a cobrar caro.

En esta dimensión sin sentido común, se dibuja un mundo donde todo es simple: hay buenos muy buenos (en general el tipo piensa que ahí pertenece, mal que mal cree que la naturaleza en general la define un personaje con barba lanzarrayos) y los malos, esos villanos asquerosos sin familia que no piensan en el otro y que son “muy” en comparación a lo que su reducida dimensión mental cree. Pueden ser “muy inteligentes” (como si eso fuera malo) “muy desapasionados” (otra cosa en la que el idiota promedio disfruta) y así sucesivamente. Lo importante es poner un mote para comenzar a disparar. Hay tipos que se han aprovechado de eso a través de música, programas de humor, sitios de Internet, consumo. Venden la simpleza, el chiste orgánico, la descalificación física y el abucheo al intelecto porque así son mayoría y pueden comercializar alcohol en su tanda. Es un truco muy fácil para hacer negocio. Es lo llamado “popular”. Es el tema tabú que no se trata en los medios porque sería asumir la responsabilidad de que realmente son importantes.

En ese terreno hay algo que no se toca: el fútbol. El fútbol es casi una religión al más puro estilo de los musulmanes para estos simples y primitivos defensores de la camiseta que no procesan. El caso mas ejemplar es el famoso Johnny Herrera. “Le da alegrías a la gente”, pero también mata gente, como se vio cuando atropelló a una chica. Y a la hora de juzgarlo, los avatares, de gente en general humilde, putean. Putean porque su ídolo no aprendió y hay que defenderlo. Y los argumentos son escasos y tristes. “Todos tenemos tejado de vidrio”, es uno de ellos. ¿Saben? No todos lo tenemos. Hay gente de la misma edad de Herrera que se saca la cresta. Hay chicos que van al colegio contra viento y marea. Hay universitarios que no piensan que las Fiestas Patrias son para el exceso y se toman los días para descansar con los que quieren y volver a pelearla. Basta de simplificar el país y definir eso como algo para el orgullo. Basta de creer en las “alegrías del pueblo” cuando el pueblo no sabe qué cresta significa alegría en el diccionario y lo confunde con vaciar los bolsillos. Me tiene harto la cobardía de los barristas de cuarta. Entiendo al que disfruta del fútbol por pasión, por diversión, pero no al que nubla la razón. Me parece que eso está más cerca de la imbecilidad y poco me importa, en serio, lo que piensen esos zombis. Que vuelvan a la escuela. O que no jodan más. Que no jodan la civilidad. Que no sigan arruinando las buenas ideas. El egoísmo, de todos lados está destrozando nuestra civilidad.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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