Iglesia Católica chilena admite pérdida de credibilidad por sus "propias debilidades y faltas"

Por UPI

La iglesia Católica chilena pidió perdón a quienes ha ofendido y admitió que ha perdido credibilidad por sus “propias debilidades y faltas”.

En la Carta Pastoral que fue presentada por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Ezzati en la Casa Central de la Universidad Católica, los obispos indican que “reiteramos con la más profunda verdad nuestra petición de perdón a quienes hemos ofendido. La Iglesia ha perdido credibilidad por nuestras propias debilidades y faltas”.

En el documento, de 63 páginas, que lleva por título “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile“, los obispos afirmaron que “estas, junto a nuestro retraso en proponer necesarias correcciones, han generado desconcierto. Se nos ha hecho difícil trasparentar al mundo de hoy el mensaje que hemos recibido. Nos preocupa que muchos lo perciban como una moral de prohibiciones y que no nos vean proponiendo un ideal por el cual valga la pena jugarse la vida”.

Los prelados afirman que “nosotros somos los primeros que debemos ser evangelizados. Debemos revisar nuestros comportamientos personales y las estructuras de la Iglesia: el modo de ejercer nuestro sacerdocio, las formas de participación, el lugar otorgado a los laicos y en especial a la mujer. Será preciso revisar nuestra predicación y nuestros sistemas educativos para ver qué valores transmitimos”.

En el documento que es el resultado del trabajo realizado en el último año por el Comité Permanente de los obispos chilenos se indica que “nuestra pequeñez y los problemas que hemos tenido no pueden impedirnos anunciar el mensaje del Señor. Debemos volver a Jesús y reencontrarnos vitalmente con Él para hacernos sus verdaderos discípulos, sus seguidores. Esto significa ser y vivir como Él, haciendo nuestra las causas de los pobres, más débiles y marginados, porque esa es la causa de Dios”.

Desarrollo centrado en los aspectos económicos y en el lucro

Los obispos además precisaron que “Chile ha sido uno de los países donde se ha aplicado con mayor rigidez y ortodoxia un modelo de desarrollo excesivamente centrado en los aspectos económicos y en el lucro, sin poner atención a sus consecuentes tensiones y desigualdades escandalosas entre ricos y pobres”.

En el documento señalan que desde la centralidad del mercado extendida a toda la vida personal y social, “la libertad económica ha sido más importante que la equidad y la igualdad”.

Igualmente, los prelados aseguran que la competitividad ha llegado a ser el eje de todos los éxitos. “Se ha pretendido corregir el mercado con bonos y ayudas directas descuidando la justicia en los sueldos, que es el modo de reconocer y dignificar el trabajo. Hoy escandalosamente en nuestro país muchos trabajan y, sin embargo, son pobres”, sostienen.

Según la Carta Pastoral, “lo anterior ha afectado el fondo de la vida familiar. Hablamos de un malestar ante el individualismo y la soledad. La participación en el consumo febril es más importante que la participación cívica o la solidaridad para la felicidad y la realización de las personas. Todo se convierte en bien consumible y transable, incluida la educación. Los menos favorecidos se sobreendeudan hasta lo inhumano para participar del producto del desarrollo, destruyendo por ese camino el bienestar familiar e hipotecando su futuro. Esta es una nueva forma de explotación que termina favoreciendo a los más poderosos y aislándonos”.

Asimismo el documento afirma que quienes ven imposible alcanzar su realización en los medios que la sociedad considera como signo de éxito, “viven un profundo malestar existencial y fácilmente se refugian en la droga. Otros que aparentemente lo tienen todo y experimentan un vacío del cual tratan de huir, también llegan a la droga, rodeada de mundo de violencia y corrupción muy difícil de controlar”.

Estado con las manos atadas

Según los obispos “el Estado ha quedado con las manos atadas para la prosecución del bien común y la defensa de los más débiles. En un país marcado por profundas desigualdades resulta extremadamente injusto poner al mercado como centro de asignación de todos los recursos”.

Además advierten que “las movilizaciones sociales justas en sus demandas pueden poner en peligro la gobernabilidad sin adecuados canales de expresión, participación y pronta solución. La desigualdad se hace particularmente inmoral e inicua cuando los más pobres, aunque tengan trabajo, no reciben los salarios que les permitan vivir y mantener dignamente a sus familias”.

Para la Conferencia Episcopal en este contexto, “el ‘lucro’ desregulado, que adquiere connotaciones de usura, aparece como la raíz de la iniquidad, del abuso, de la corrupción y en cierto modo del desgobierno. En el ámbito de la educación, el lucro es rechazado con mayor vehemencia. No podemos tranquilizar la conciencia centrándonos sólo en el lucro o culpando a la calidad de los profesores, que ciertamente tiene que mejorar. Vayamos más a fondo hasta la raíz del problema”.

“Preocupa que en las universidades la formación de las élites esté centrada en su aporte a la productividad y en la eficiencia económica, y no en el sentido más profundo de la vida humana”, sostiene el documento “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”.

Además, manifiesta que una avanzada tecnología manejada por el mercado y orientada primordialmente al crecimiento económico, puede tener efectos gravísimos para la conservación de la naturaleza “que es nuestro hábitat. Esto es grave en sí mismo; además destruye el futuro y es muy doloroso para las culturas de los pueblos originarios de nuestro país, que consideran a la tierra como a una madre”.

A juicio de los integrantes de la Conferencia Episcopal, los cambios actuales han tenido consecuencias “serias en la vida familiar. El rol educador de la familia está afectado. Preocupa la dificultad para mantener la estabilidad de la familia”.

Según los obispos chilenos, los cambios “que vive nuestro mundo ofrecen hoy grandes oportunidades a la sociedad civil y a la misma Iglesia. Particularmente importante es el progreso de las comunicaciones, con nuevos modos de relacionarnos en una cultura globalizada y con una necesidad de transparencia que nos ayuda a enfrentar la corrupción y los abusos”.

Asimismo, precisan que “hoy contamos con mayores expectativas de vida, salud y niveles de educación. Hay mayor conciencia de la necesidad de salvaguardar los derechos humanos y la dignidad de la persona. La ciudadanía pide nuevos y mejores espacios de participación, y especialmente esperanzador es el nuevo papel que debe jugar la mujer en la sociedad”.

Los obispos puntualizan también que estos avances “nos impulsan a rechazar toda discriminación injusta que pueda derivarse de las ideas, la raza, el sexo o el dinero. Por otra parte, hay una creciente conciencia de preservar la naturaleza. En suma, vivimos un momento particularmente prometedor para la humanidad”.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo