Columna de Juan Manuel Astorga sobre el Litio: "Recursos que son de todos"

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Hacerle el quite al debate es, por lejos, el mal endémico de Chile. Algunos ejemplos recientes: ad portas de una crisis de generación de electricidad, no hay un debate que reúna a las partes para definir qué tipo de energía queremos y a qué costo estamos dispuesto a producirla. Mucho se ha hablado de educación y vuelan las propuestas y diagnósticos, pero no se logran sentar en la misma mesa las partes en conflicto para aterrizar una solución. La mayoría de los chilenos reclama un cambio profundo en el manejo político, pero abundan frases para el bronce y escasean las definiciones reales.
Cuando nuestras autoridades intentan resolver por qué vivimos una seria crisis de confianza, la respuesta podría estar precisamente en esto. No hay diálogo ni se buscan acuerdos. En muchos casos, hasta se sospecha que deliberadamente se están evitando. Con el litio es inevitable llegar a esa conclusión.

Hace un año y medio, quien era entonces el ministro de Minería, Laurence Golborne, anunciaba que se efectuaría un debate respecto del rol estratégico del litio e invitaba a discutir sobre el desarrollo futuro de esta industria. De debate inclusivo e integral no hubo nada. Meses más tarde, se llamó a licitación internacional para celebrar contratos especiales de operación de yacimientos de litio. El tema tiene varias particularidades y de ahí lo importante que habría sido la discusión.

Este mineral fue declarado como “no concesible” en 1979, porque entonces se le consideraba un material estratégico para ser utilizado en centrales nucleares de fusión. Eran tiempos en que Chile barajaba la posibilidad de generar energía mediante esta técnica y no estaba claro cuánto litio realmente había disponible. Pasaron los años y esa idea se desechó, pero aún así, no cambiamos nuestra legislación. Hoy somos el único país del mundo que aún trata al litio como un material estratégico. Por lo mismo, no es posible entregarlo en concesión. Pero en lugar de debatir cuán importante es para Chile este mineral, desde hace algunos años se está utilizando la fórmula de los “contratos especiales”, para permitir que terceros puedan explotarlo.

El tema no es trivial. Chile cuenta con importantes reservas de litio y el mundo demanda cada día más de este mineral porque se utiliza en industrias tan diversas como la farmacéutica, la cerámica o la de fabricación de baterías de alta duración. Chile ya es líder en la producción de litio y vende cerca del 42 por ciento de todo lo que consume el mercado mundial. Actualmente, en nuestro país sólo dos compañías producen litio: SQM y SCL, ambas operándolo a través de estos contratos tan controvertidos.

Cada vez que se ha intentado discutir sobre la trascendencia estratégica para Chile de este mineral, aparecen voces que, para acallar el debate, relativizan su importancia. Dicen que el litio forma parte de un mercado muy chico, y que en 2011 no vendió más de US$ 700 millones en el mundo, mucho menos que los US$ 120 mil millones que movió el cobre en igual período. A nuestro país “apenas” le tocaron US$ 204 millones, el 0,42% de las exportaciones mineras totales de Chile. Minimizando su valor, se ha dicho que este recurso ha aumentado su disponibilidad y que hay reservas de litio en el planeta para unos 1.500 años, versus los 100 años que quedan de cobre.

Si todo lo anterior es cierto, ¿por qué hubo interés empresarial en participar de este negocio? Sospechoso.

No parece sano para un país que basa el grueso de sus exportaciones en los recursos naturales (y mayoritariamente de la minería), tomar decisiones sobre un elemento que hoy parece poco relevante pero que mañana podría ser clave en nuestro desarrollo. Y menos saludable es celebrar contratos de operación que permiten, sin debate alguno, que un privado explote los yacimientos del desierto de Atacama sin haber resuelto primero si lo que necesitamos es declararlo un recurso clave, como se hizo en su momento con el cobre. Esta fórmula inevitablemente se asemeja a una privatización de una riqueza que es de todos.

La estatal Corporación del Cobre, Codelco, bien pudo haber formado parte del negocio. Sin embargo, había dicho que no estaba en sus planes distraer recursos de su foco principal. Para extraer el litio habría necesitado realizar inversiones por al menos US$ 500. ¿Dónde está el rol de empresa estatal y su mirada de largo plazo? ¿Por qué no se asoció con terceros (como sí lo ha hecho en otros negocios) para abaratar costos? Y si no le interesaba, ¿por qué compró las bases de la licitación? Más enrevesado es todavía el tema, porque Codelco es estatal, lo mismo que las minas de litio. Para colmo, resulta que ahora que esta licitación ya fue adjudicada, está pensando en meterse en el negocio.

Seguramente sobrarán argumentos que expliquen esta curiosa postura. Y no dudo en que abundaran las tesis sobre la conveniencia de entregarle el litio a privados en lugar de explotarlo por nuestra cuenta. Pero lo que jamás se entenderá es que, otra vez, se haya evitado el debate sobre cuál era el escenario que más le convenía a Chile. Más todavía cuando se prometió deliberar abiertamente sobre el tema. Que no se quejen después cuando la ciudadanía se muestre crítica frente a nuestras autoridades.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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