Columna de TV: "La Sexóloga: La predecible lujuria"

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Bastó una semana para que La Sexóloga, la lujuriosa teleserie nocturna de Chilevisión, cayera desde las alturas de su promocionado capítulo debut al averno del bajo rating. Y si lo hizo fue por una larga lista de pecados propios -varios de ellos capitales- que terminaron por alejar a los televidentes de esta comedia plana, a pesar de la enorme cantidad de carne desplegada en su parrilla. La que, como se sabe, suele ser un excelente gancho comercial.
El primer pecado de la teleserie es su soberbia. Eso de creer que por poner una pechuga por aquí y por acá, escenas de cama constantes, juguetes sexuales y personajes que se comportan como pokemones quinceañeros recién saliendo de vacaciones de verano, era suficiente para mantener nuestra atención.
Sobre todo tomando en cuenta que en el canal de al lado hay un excelente reality que muestra mucho menos, y entretiene mucho más, moviéndose contextualmente dentro de la misma temática. Las relaciones de pareja. El sexo. El coqueteo. Y algo que en la tele llaman amor, pero que suele ser pura y simple atracción. Mala cosa. Porque si un reality termina siendo más entretenido y sutil que tu programa de ficción, es tiempo de preocuparse.
La soberbia, y la pereza está en creer que los televidentes son adolescentes hormonales que por ver algo de piel, no se darán cuenta de los gruesos trazos con los que está escrito el guión: ya en el primer capítulo vimos un matrimonio express, con infidelidad previa al altar y un novio incapaz de sospechar nada a pesar de que su futura esposa se casa sin vestido de novia porque su amante se lo acababa de romper. Y lo peor, ninguna explicación coherente para el televidente, de todo el asunto.
La soberbia también pasa por creer que uno comulga con ruedas de camión monstruoso, cuando aparece Vicente Sabatini asegurando que la meta de su teleserie no son las escenas sin ropa, si no que busca plantear temas serios. Como si “La Sexóloga” fuera una clase de educación sexual y no un divertimento con personajes inverosímiles.
Aunque la verdad uno no suele pedirle mucha coherencia a las teleseries chilenas, porque exigírsela sería esperar que de un olmo salgan peras en almíbar –uno reserva esas exigencias para las series de C13 o TVN-, nada de esto habría sido muy relevante si la teleserie fuese divertida. Si sus personajes no fuesen tan predecibles o sus discursos tan clisé. Si “La Sexóloga” hubiese aprendido algo del programa radial “Chacotero Sentimental”. Que la lujuria en sí misma es predecible y aburrida, a menos que uno sea el protagonista, y que en los dramas que se esconden detrás de las infidelidades, está la verdadera carne de las historias.

Por: Marcelo Ibáñez Campos
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