Columna de Juan Manuel Astorga: "Valientes soldados"

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Al manifestar su completo rechazo a la idea de que los homosexuales puedan integrar las Fuerzas Armadas, el diputado de la UDI, Ignacio Urrutia, dijo esta semana que si se les permitía el ingreso, Chile podría ser invadido por Perú y Bolivia. Al margen de cualquier prejuicio evidente reflejado en su frase, el legislador decidió avanzar un poco más en su argumentación. Expresó que “en las FFAA necesitamos hombres bien hombrecitos y mujeres bien mujercitas, los más o menos aquí no funcionan”. A su parecer, los homosexuales no tienen esa gallardía, según dijo.
¿Qué significa el concepto “gallardía”? Según la Real Academia de la Lengua Española, es el esfuerzo y arrojo en ejecutar acciones. En la definición general del diccionario, es el valor y esfuerzo en el actuar. ¿Tienen los homosexuales menos capacidad de esforzarse frente a un objetivo? ¿Son menos valientes o esforzados? Dejó entrever el parlamentario que los gays son temerosos y delicados y, por lo mismo, incapaces de defender a Chile.
Días antes de estas palabras, otro diputado, René García de Renovación Nacional, trató de “cola” a su par socialista Marcelo Díaz, algo que ya había hecho hace dos años en el mismo Parlamento y con la misma palabra. En este caso, se utilizó la forma despectiva con la que algunos siguen refiriéndose a los homosexuales como un improperio, entendiendo entonces que ser gay es insultante.
Fue en ese mismo Congreso Nacional donde este año se aprobó una ley contra cualquier tipo de discriminación, teniendo como ejemplos emblemáticos los casos de segregación que históricamente han afectado a los homosexuales. Después de años de debates y postergaciones en su votación, el proyecto pudo ver la luz. Reimpulsó la discusión de esa iniciativa la brutal golpiza que durante horas sufrió Daniel Zamudio, un joven al que le pegaron cobardemente por su condición de homosexual. Su agonía y posterior muerte sensibilizó al país y también al Congreso. Meses más tarde, parece que esa sensibilidad se disipó entre algunos de nuestros honorables. Tratar de “maricón” como ofensa y considerar que los gays son ciudadanos cobardes nos confirma que en algunos casos, una cosa es aprobar una ley y otra muy distinta es respetarla.
La Pontificia Universidad Católica no contribuyó mucho a aplacar la permanente exclusión y menoscabo del que son víctimas los de condición sexual diferente a los hetero. Al facilitar la organización de un seminario que expuso como casos “exitosos” supuestas terapias para reconvertir a un gay o lesbiana, la casa de estudios de la Iglesia validó implícitamente la falsa tesis de que la homosexualidad es una enfermedad.
El tema es particularmente grave porque el seminario de la UC consideró como un trastorno algo que, según la Organización Mundial de la Salud, OMS, no lo es. Si una universidad que se dice seria y que imparte con tanto prestigio la carrera de Medicina, desconoce las conclusiones del principal organismo sanitario del planeta, entonces estamos en problemas. Esto equivale a que el día de mañana sus médicos ignoren alguna alerta sobre la gripe aviar o declaren como afección algo que no lo sea.
Además de haber brindado espacios para un seminario que está basado en la discriminación, la Universidad Católica contradice a la Organización Panamericana de la Salud, la cual ha insistido en explicar que este tipo de “terapias” son peligrosas para las personas, y van en directo daño a quienes pertenecen a la diversidad sexual.
Al otro lado de esta historia, los organizadores del seminario aseguraron que las agrupaciones de homosexuales se oponen a las terapias reparativas porque no quieren mostrar que existe la posibilidad de sanarse.
¿Cómo se sana algo que según la Organización Mundial de la Salud no es una enfermedad? Además de llamar a la confusión -si es que no derechamente al engaño- el seminario pareciera atentar contra la nueva ley antidiscriminación.
En el año en que Daniel Zamudio murió víctima de una golpiza por ser homosexual, en tiempos en que la sociedad se muestra abierta al respeto y acepta la igualdad de género, cuando la ley contra la discriminación logró por fin ser aprobada en el Congreso, aparece un seminario que ningunea a los organismos mundiales de salud y reflotan los parlamentarios que se vanaglorian al desprestigiar a los homosexuales.
¿Al final avanzamos, quedamos igual o retrocedimos en materia de igualdad?. ¿Cuáles son los “valientes soldados” que deberían defender a Chile de estos flagelos? Adivinen quiénes son, al momento de respetar la dignidad humana y las leyes, los “más o menos hombres”.

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