Columna de René Naranjo: "‘Pérez’ y ‘Argo’: intimidad y entretención épica"

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Está claro que el cine chileno vive una temporada de plena consolidación, con éxitos de taquilla, muchos premios y una oferta de películas inédita en cantidad y diversidad temática. Faltaba en este ramillete, sin embargo, un filme que lo relacionara con el teatro y, más aún, con la joven y guapa dramaturga y directora teatral del momento, Elisa Zulueta. Porque ‘Pérez’, basada en su obra del mismo nombre, es una película que lleva su nombre de punta a cabo.

El emergente universo de Zulueta (también desarrollado en el bien logrado montaje ‘Gladys’) pasa por una exploración de la familia y sus heridas, por lo que no se dice entre padres e hijos, por lo que ha estado guardado durante años y de pronto sale a flote a borbotones, con textos que no eluden la ironía cruel ni la confesión dolorosa. Fiel a esta búsqueda, ‘Pérez’ junta a tres personajes que pasan un fin de semana en una casa en la playa: El padre (Luis Gnecco) y su polola (Natalia Grez) reciben la incómoda visita de Roma, la hija del primero (Antonia Santa María), que es esquiva y de trato difícil. Así, el paseo va a derivar a la pesadilla, en un huis-clos abundante en reproches y desconfianzas.

Dirigida por el debutante actor Alvaro Viguera, ‘Pérez’ mantiene el interés por la forma en que Elisa Zulueta hace evolucionar a sus personajes y por la potencia del trío protagónico. Pues pese a un relato fluido y con buenos momentos, se echa de menos una dirección más experta tras la cámara, que sacara más partido cinematográfico de este descarrilamiento emocional.

Muy lejos del intimismo está ‘Argo’, el tercer largometraje del actor Ben Affleck, que llega a la cartelera como una de las grandes apuestas de este último trimestre de 2012. Y hay que decirlo: es una película muy entretenida, que pone al público al borde del asiento desde el primer minuto, con un suspenso urdido en impecables escenas de creciente tensión.

En Teherán, en noviembre de 1979, los revolucionarios islámicos del Ayatolá Jomeini se toman la embajada de Estados Unidos y toman de rehenes a sus funcionarios. Seis de ellos alcanzan a escapar y se refugian en la casa del embajador de Canadá. La tarea de la CIA es liberarlos a la brevedad y encarga esa misión imposible al agente Tony Méndez (de origen bien latino pero encarnado aquí por el propio Affleck). 

En esta tarea, Méndez va a idear un plan que involucra a Hollywood y, en especial, a las sicodélicas películas de ciencia-ficción de la época (tipo ‘Fuga en el siglo XXIII’). Sobre ese fondo pop, ‘Argo’ se perfila como una película de género en el mejor sentido, concebida como un gran espectáculo de entretención de alcances épicos y que, apoyada en una gran dirección de Ben Affleck, sabe extraer lecturas más complejas acerca de la política, el espionaje internacional y el cine como una gran mentira. 

Es un trabajo brillante de manejo del ritmo intenso, la cámara urgente y el montaje preciso, al que sólo le sobra su exaltación del patriotismo estadounidense. 

Cómo fue que un actor tan malo como Ben Affleck se convirtió en un sólido director? Tal pregunta no tiene respuesta simple, y en esta película él mismo incluso hace chistes con el tema. El caso es que ‘Argo’ es uno de los mejores filmes salidos de Hollywood este año, y, después de la estupenda ‘Atracción peligrosa’ (2010), instala a su autor en la primera línea de los directores estadounidenses que saben combinar el atractivo comercial con la caligrafía más personal. 

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