Columna del lector: Katherine Urrutia y el famoso “tío” o “tía”

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Por
Katherine Urrutia P.

 

·          Escritora de cuentos infantiles.

·          Nueve años como Terapeuta de flores de Bach con especialización en trabajo con niños.

·          Relatora en OTEC Veritas Capacitaciones. “comprensión de lectura a través de las emociones”, dictado principalmente a profesores.

·          Relatora de talleres para padres.

·          Cuentacuentos gratuitos a niños en colegios

·          Trabajé en voluntariados en COSAM, escuela de lenguajes, colegios con niños en riesgo social y viajé al sur para trabajar después del terremoto y al norte para trabajar con los familiares y niños de los mineros en mina San José.

·          Trabajé en escuela fundición Paipote de Copiapó, con intervención en el tema de Bullying.

·          Actualmente en voluntariado en   SERNAM de Quinta Normal

·          Estudiante de psicología 3º año.

·          Trabajando en un proyecto de libros para adolescentes y adultos.

 

 

El creciente aumento de las denuncias de abusos a niños inquieta a todos, en especial a los que somos padres. Desde siempre, en los talleres que imparto, comento la importancia de enseñar a los niños a no familiarizar a todos con el famoso “tío” o “tía”. Favorablemente pude ver en las noticias un gran avance en este factor, que parecía muy insignificante, pero que tiene una tremenda repercusión en los más pequeños.

El punto es simple, Chile es casi el paraíso de pedófilos, ya que nuestra cultura potencia algunas enseñanzas en el hogar facilitando que estos inhumanos, asesinos de inocencias, puedan llegar a la cercanía de nuestros niños sin que ellos detecten el peligro.

Primero y como ya se está contemplando, es fundamental enseñar a los pequeños a nombrar a las personas por su nombre. De esta manera, dejamos de presentarles a los niños un mundo de familiares.

Si lo dimensionamos, los niños no logran ver, por inmadurez, el peligro que corren al decir “tíos” a todos. En sus sanas y puras mentes, ellos no podrían decir NO incluso a las conductas que sientan incorrectas, por tratarse de un familiar. Lo extraño de esto es que si les preguntamos a los padres cuáles son las medidas de seguridad que enseñan a sus hijos, podrían responder ampliamente: “No hables con extraños”. Paradojalmente, ¿quién es extraño, si todos son tíos?

Otro punto que me gustaría profundizar es el famoso y obligado saludo con besos en la cara, que por lo general se logra, incluso, a punta de pellizcos. En esta actitud tan cotidiana les enseñamos a los pequeños, implícita y explícitamente, que sus cuerpos no son suyos, aunque suene muy duro decir. Con esta conducta les queda registrado que un adulto puede obligarlos a hacer algo que no quieren y eso “está bien”.

Verdaderamente estoy muy contenta con las iniciativas que se están tomando, pero eso no servirá de nada si los adultos no toman conciencia. El respeto que primero tenemos que enseñarles es a sus propios cuerpos. Esa tiene que ser nuestra primera misión como padres, y luego el resto.

El saludo no tiene que ser un acto forzado. Decir “buenos días” o “buenas tardes” es suficiente para enseñar una buena conducta cívica, pero principalmente un gran respeto por estos pequeños tesoros que son los niños y podremos evitar que un codicioso enajenado enfermo quiera llevarse este precioso valor.

Twitter: @kathyurrutiap

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