Columna de Copano: "Especies que desaparecen"

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Labbé es un personaje vinculado directamente a un momento que quedará en la historia como algo nefasto: el tiempo permite la distancia emocional y el arrepentimiento lógico de quienes participaron con acciones que dañaron a muchos otros. Hay quienes piensan que no es así esa historia y reaccionan fanáticamente llenando de insultos desde el anonimato más miserable, el del que no se pone en el lugar del otro. Pero son los menos: son marginales. Eso es lo bueno del tiempo.

Todo esto cada día crece como sensación: el régimen no sólo es parodiado, sino también juzgado desde expresiones tan diversas como el cine, la televisión o los libros. Lo que no pudieron hacer los tribunales, lo hace el arte. Pasa muchas veces.

El ex alcalde de Providencia pertenece a la generación del trauma que debería dar un paso al lado para que esa rabia demente no siga traspasándose. Los que no son parte de eso, admitamos, también están felices de su salida de la vida pública. Yo creo que sí existe una derecha democrática con otros valores. Los que se niegan son sólo fanáticos de izquierda un poquito trasnochados. Tipos como Zalaquett salieron muy arriba: dignamente. Quizás no estés de acuerdo por cómo piensan u operan, pero contribuyen a un país mejor. Más abierto al diálogo que es lo que esperamos todos.

Lo divertido acá es lo nefasto que ha sido el show en el que se ha envuelto Cristián Labbé: citó fábulas bíblicas, deliró con Bachelet frentista, habló de que ganaron las comunicaciones. Finalmente es parte de su pirotecnia y locura final: se fue de vacaciones. De un día a otro.

Labbé tal vez no quería tanto a Providencia como decía: se quería más a él mismo. A sus resultados. Porque dentro de él quizás hay un humano. Sí, un humano que en alguna esquina de él sabe que hizo cosas que no estuvieron tan bien. Un humano que se esconde tras las cifras. Y todos sabemos que las cifras son muy poco humanas.

Hoy, furioso, se va.

Ojalá con él se vaya ese estilo de política amenazante y prepotente.

La ciudadanía quiere hoy ver representantes activos, que los miren a los ojos, que discutan las cosas en serio, que les digan la verdad. 

La ciudadanía se manifestó y se abstuvo de votar. En la mayoría de los casos.

La ciudadanía probablemente ponga a la clase política en una situación rarísima el año que viene. ¿Quién te dice que MEO no termina en segunda vuelta con Bachelet?

Lo importante es que los políticos se pongan al ritmo de la gente de una vez por todas y no sigan pensando que ellos instalan los temas. Hoy todos están coordinados en múltiples plataformas para hacerles ver sus errores.

Los que no entiendan desaparecerán del mapa político o serán relegados a lugares donde no está la gran discusión que hoy enfrenta el país. Porque quizás estamos comiendo mejor o viviendo un poco más cómodos, ya no queremos hablar sobre plata: queremos conversar acerca de cómo integrar y hacer mejor el país injusto en el que nacimos. Queremos tomar acción. 

Eso es lo que el coronel Labbé no comprenderá jamás, porque vivió en un mundo vertical donde él y sus medallas podían imponer el terror.

Eso no volverá nunca más.

Eso es una muy buena noticia.

Como dijo Charly “los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro


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