Columna de René Naranjo: ‘Amanecer 2’: la estaca en el corazón

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Se acabó. Tristeza para muchas fanáticas; alivio para tantos otros amantes de lo gótico. Entra a las pantallas la quinta entrega de la saga ‘Crepúsculo’, esta vez titulada ‘Amanecer 2’ y la historia de amor entre Bella (Kristen Stewart) y el pálido vampiro Edward (Robert Pattinson) llega a su fin.

Iniciada en 2008 y basada en la exitosa serie de novelas de Stephanie Meyer, ‘Crepúsculo’ presenta esta quinta parte más un alargue que como una película. Alargue porque, en sentido estricto, después de la cuarta cinta, ‘Amanecer’, se acabó el conflicto de esta historia, ese que enfrentaba a la humana y virginal jovencita con el deseo de amar a un chupasangre inmortal. Esa tensión, que estuvo detrás de los momentos menos olvidables de esos cuatro largometrajes, en esa prolongación se ha disuelto por completo. Como se sabe, Bella ya es una vampira de tomo y lomo y la unión carnal y espiritual con Edward está archiconsumada. ¿Qué intriga queda entonces por resolver? Saber si la hija es humana o no. El único problema es que ese detalle de la niña, que se llama Renesmee (ya oirán este nombre en el Registro Civil chileno), solamente les importa a los fans (por lo mismo, no se descarta secuela).

Es evidente, al ver ‘Amanecer 2’, que el éxito comercial de las primeras cintas llevaron a los productores y a la propia escritora a estrujar la fórmula hasta sacarle hasta el último peso posible en boleterías. En cualquier caso, nadie podría reprocharles nada al respecto. Desde la primera cinta, siempre supimos que estábamos frente a un elaborado producto de marketing, ideado especialmente para las adolescentes en pleno despertar sexual, en el que el atractivo de los protagonistas pesaba harto más que la calidad cinematográfica. El mito de los vampiros y la forma de vida que llevan había sido hábilmente renovado para salir de las cavernas imaginadas por Bram Stoker e instalarse en la vida cotidiana de los Estados Unidos de hoy.

Ese es el cambio que cristaliza la serie ‘Crepusculo’ y que venía gestándose desde películas bastantes más valiosas, como ‘Cuando cae la oscuridad’ (1987). En el siglo XXI, el vampiro ya bien puede ser un vecino más, y no se le espanta con una cruz. Asimismo, como comprueba Bella en esta quinta película, la experiencia está lejos de ser desagradable: puedes recorrer grandes distancias a máxima velocidad, percibir sonidos y sensaciones impensadas y tener sexo por horas sin bajar la guardia. Es como si el devenir vampiro fuera una nueva y definitiva droga de la juventud y la potencia, una mezcla perfecta de bebida energética y anfetamina de última generación, cuyos efectos secundarios (beber sangre de un animal de vez en cuando y ser inmortal) parecen bastante sencillos de sobrellevar. Todo el romanticismo tormentoso que antaño definió a Drácula, todo ese carácter de plaga incontenible que acompañaba a Nosferatu, se ha desvanecido para dar lugar a una fantasía sin misterio, melosa y vacía, totalmente lejana a los nociones de lo fantástico que hicieron nobles a estas criaturas de la noche.

Para los protagonistas, Kristen Stewart y Robert Pattinson, la experiencia de hacerse célebres con este producto de marketing parece haber sido también bastante dura. Apenas terminaron de filmar ‘Amanecer’, los dos partieron a trabajar a buscar riesgos con cineastas de vocación personal: ella con Walter Salles en ‘On the road’ y él con David Cronenberg en la abstracta y lúcida ‘Cosmópolis’.

Debe haber sido para clavarle de una vez la estaca en el corazón a sus respectivos vampiros de cartón.

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