Columna de TV: "Cabaret Burlesque: No todo lo que brilla es oro"

Por Marcelo Ibañez Campos

Cabaret Burlesque” es el nuevo intento de TVN por recuperar un espacio de liderazgo en el horario prime monopolizado hace ya un año los realities de Canal 13. Una apuesta costosa y con altos niveles de producción, que espera remontar algo de terreno  luego del estrepitoso fracaso en sintonía de “Las Argandoña”.

Y aunque estamos ante un programa de factura precisa y digna de un estelar, en la batalla del primer capítulo al menos TVN volvió a sucumbir ante su principal competencia. Quedó segundo como era de esperarse ante ese monstruo de mil cabezas que es “Pareja Perfecta”. El problema es que lo hizo marcando aún menos rating que el polémico debut de “Las Argandoña”.

Los ejecutivos de TVN debieran estar corriendo en círculos por los pasillos del canal.

Como espectador “Cabaret Burlesque” me produjo la misma impresión que entrar a una fiesta de gala donde todas las invitadas se han esmerado en un nivel de producción tal, que las hace ver hermosas. Sus primeros 20 minutos fueron, como dicen los gringos, un “eye candy”. Un dulce para el ojo. Cuarenta mujeres rodeadas de una escenografía austera y elegante, ensañando coreografías que buscan desatar su sensualidad. Todo grabado con un nivel de respeto por las participantes que en términos morales es muy loable, pero que en términos televisivos le quita insumos a los arcos dramáticos.

Con esto no me refiero a fórmulas tan burdas como mostrar más o menos carne o ridiculizar a esas participantes que, de tan imbuidas en sus sueños de ser una show woman, han distorsionado en algo la realidad que les lanza el espejo. Me refiero a algo más sencillo: ahondar en los conflictos de la vida cotidiana y definir de mejor manera los personajes, que para eso es un primer programa. Sumergirse en esa vida que respira más acá, afuera del mundo de fantasía construido por esta mezcla de docu-reality con noche de gala, fórmula que tan bien explotaron las primeras temporadas de programas como “Rojo, fama contra fama”.

Casi despojadas de su relato íntimo, y sin conflictos dentro del grupo, lo que tenemos es la televisación del deseo de un grupo de mujeres por cumplir un sueño. Y un canal que les construye un precioso escenario para vivir esa fantasía, sin escatimar en presupuesto. Suerte la de ellas. Pero, ¿dónde está el televidente en todo esto?

“Cabaret Burlesque” apostó en su debut a mantenernos en sintonía como testigos de un sueño ajeno con muchas luces, cuidado estético y un brillo enceguecedor que parece ocultar un vacío de relato. Bastante poco para mantener mi atención durante una hora: la segunda mitad fue una copia de la primera y en ambas no pasó realmente casi nada.

Volviendo a la analogía del comienzo de esta columna, es como estar en la fiesta de gala y una vez superada la emoción del brillo, darse cuenta que no hay onda ni empatía. Que  ese brillo está vacío de relato. Y eso, finalmente, es lo más anti sexy que un programa como “Cabaret Burlesque” puede tener.  

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