Columna de Copano: "Sobre el "mexicaos" y Santiago"

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Estoy de visita en México y para variar pienso en Chile. Siempre pasa apenas salgo del aeropuerto y hablo con el primer taxista. Comienzo a comparar y acabo molesto, en general cuando lo hago en la dimensión humana. Es que tenemos un país extraordinario, donde está todo por hacerse.

Nuestra escenografía gigante de norte a sur, distinta, llena de gente buena y colaboradora es un regalo. Pero parece ser que la forma en que pensamos y operamos es la que nos boicotea a tener ese gran país que todos ven de afuera pero no se vive adentro. 

Santiago es un Zurich aburrido. Un país de un confort extraordinario para los que pueden acceder a él (que, ojo, en comparación a otros lados no son pocos aunque no lo crean) pero donde preferimos la tranquilidad que la felicidad. Finalmente como cuenta un compatriota que vive aquí hace años: “Santiago es una gran ciudad, con una mente de pueblo pequeño que lo arruina todo”.

Y es cierto. El mundo está atento a nosotros, por lo menos culturalmente. Los shows musicales que se están presentando en la Feria del Libro de Guadalajara, donde nuestro país es invitado central, llenan. Y ser chileno, sin tener que necesitar hablar de fútbol, es cool. Pero uno vuelve a la ciudad de Santiago y la oferta no sólo es insultante para el público: también para los músicos. ¿Qué club hay donde escuchar bandas de forma cómoda? No me vengan con lo que existe, donde hay que cruzar toda la ciudad y llegar a cerros caros. No señor: nos faltan centros culturales, nos faltan revistas, nos falta la infra y los permisos municipales para ensuciar un poco. Sólo un poco. Tenemos la música, nos falta la estructura. Mas allá de la miserabilidad chiquita humana de “éste me cae bien y éste no” o “éste no me gusta y ese sí” que parece rodear mucho del discurso. 

Nos faltan más “Qué Leo”. 

En el “Mexicaos” del DF eso existe. En Buenos Aires también. Muchas veces esas dos ciudades gigantes son las que se usan tanto para validarnos como para criticar.

Obviamente las dos sufren de situaciones de las que afortunadamente en Santiago estamos lejos: corrupción política, tráfico insoportable (un taco en México deja a “Everybody Hurts” a la altura de una parodia del “Gangnam Style”) y el miedo a que todo se vaya al carajo de un momento a otro, ya sea por su clase política o una manada de narcos locos. Pero hay una clave: en esos lugares se ha optado por vivir feliz, no por vivir tranquilo. En Santiago parece que todo está hecho para jubilados. A mí me sorprende enormemente que exista más actividad un domingo por la tarde que un viernes por la noche en Lastarria. Hay más oferta, hay más que hacer. Pero es porque se construye en base a la sociedad en su conjunto, en la suma, no en el vecino insoportable e infeliz que se cree dueño de lo que es de todos, que es el espacio público.

Nuestro carnaval, que es el Festival de Viña, es el paroxismo de la infelicidad: ¡es un show de televisión controlado! Preferimos eso que un festival en medio de la ciudad, para todos, para ricos, para pobres, para la familia. Y eso que ya se ha descubierto que hay gente que quiere tomarse las calles, que desea celebrar.

Muchos dicen que nos falta educación. No señores: nos faltan intentos. Nos falta que las obras de teatro salgan a las calles. Nos falta desacademizar nuestros aportes también. Nos falta regalarle a las personas en las salidas de los Metros, en las plazas, lo que quizás no van a capturar en la tele. Nos falta que vivan la experiencia, pero para eso tenemos que partir por regalarlas. Démosle vida a esta ciudad, por favor.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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